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HarryPotterHead » Blog » Momentos de la saga que nos rompieron el corazón

Momentos emotivos de la saga



“Hay cosas que se leen, y otras que se sienten para siempre.”



Hay libros que se leen y hay libros que se sienten. La saga de Harry Potter pertenece, sin duda alguna, a la segunda categoría. J.K.Rowling construyó un mundo de magia y maravilla, sí, pero también de pérdida, sacrificio y amor en sus formas más puras y más dolorosas. A lo largo de los siete libros, hubo páginas que se nos hicieron imposibles de pasar deprisa, momentos que nos obligaron a cerrar el libro un segundo y respirar hondo antes de seguir. Estos son algunos de esos momentos, los que más nos han marcado, los que todavía duelen aunque los conozcamos de memoria, y los que a pesar de todo, nos dejan algo parecido a la esperanza.


Harry ve a sus padres en el Espejo de Oesed (La Piedra Filosofal)


Es el primer gran golpe emocional de la saga y llega en el primer libro cuando Harry todavía tiene once años y nosotros aún no sabemos muy bien en qué nos hemos metido. El Espejo de Oesed (que refleja el deseo más profundo de tu corazón), le muestra a Harry algo que nunca ha tenido: una familia. Sus padres, sus abuelos, parientes que no conoce pero que le devuelven la sonrisa. Rowling escribe que Harry ve a una mujer con ojos exactamente como los suyos, y que esa mujer le sonríe. Eso es todo, y es realmente devastador, porque en ese instante comprendemos que lo que Harry más desea en el mundo no es poder ni fama, es algo que cualquier otro niño da por sentado. La inocencia de ese deseo, la sencillez de lo que le ha sido robado, hace que la escena sea imposible de leer sin que se te encoja el pecho.


Harry a punto de irse a vivir con Sirius (El prisionero de Azkaban)


Hay un instante en el tercer libro que dura solo unas pocas líneas y que, sin embargo, concentra toda la esperanza de Harry en un único punto luminoso. Sirius le ofrece ir a vivir con él. Por primera vez desde que tiene memoria, Harry tiene ante sí la posibilidad de abandonar Privet Drive, de tener un hogar de verdad, de ser querido por alguien que no es de su propia sangre pero que sin duda se siente igual de importante. La alegría que siente es casi insoportable de leer, precisamente porque sabemos, o intuimos, que no puede durar. Y cuando la posibilidad se desvanece en las páginas siguientes, la caída es tan brusca como tan alta había sido la esperanza. Rowling nos enseña aquí por primera vez con tanta claridad que, en este mundo mágico, la felicidad siempre llega acompañada de su propio límite de tiempo.

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Neville visita a sus padres en San Mungo (La Orden del Fénix)


Es uno de los momentos más silenciosos y más demoledores de toda la saga, y uno de los que peor parados salen en las adaptaciones cinematográficas, donde directamente no aparece. Harry, Ron, Hermione y Ginny se encuentran por casualidad con Neville en el hospital mágico “San Mungo”, visitando a sus padres Frank y Alice Longbottom, dos aurores que fueron torturados hasta perder la razón por Bellatrix Lestrange y que llevan años sin reconocer a su propio hijo. Neville nunca les había contado a sus amigos lo que le había pasado a su familia, y lo que la escritora muestra entonces no es una escena de llanto ni de drama, es algo mucho más cruel. Alice Longbottom se acerca a Neville y le entrega un envoltorio de papel de caramelo, Neville lo recoge, y lo guarda en el bolsillo, entonces su abuela le dice que lo tire. Pero él no lo tira, es todo lo que su madre puede darle, y él lo guarda de todas formas. Pocas veces ha descrito Rowling el amor y el dolor con tan pocas palabras.


Las pérdidas que nos dejaron sin palabras: Sirius, Dobby y Fred (Las Reliquias de la Muerte)


Como ya sabemos, la saga no escatima en despedidas, y hay tres que merecen nombrarse particularmente porque cada una duele de una manera distinta y porque entre las tres cubren todo el espectro del duelo.


Sirius Black muere en La Orden del Fénix de la manera más cruel posible: en medio de una batalla, de forma “casi” accidental, con una última mirada de sorpresa antes de cruzar el velo. Para Harry, y para muchos de nosotros, su muerte es un auténtico robo. Sirius era la última conexión viva con sus padres, la promesa de un hogar que nunca llegó a cumplirse y desaparece antes de que podamos despedirnos.


Dobby llega después en Las Reliquias de la Muerte, sin anunciarse. El elfo que una vez fue el “antagonista” más molesto del segundo libro, muere en brazos de Harry en la playa de Shell Cottage, susurrando que fue feliz de estar con su amigo. Harry le cava la tumba con sus propias manos, sin magia, y graba en la piedra las palabras que lo dicen todo: Aquí yace Dobby, un elfo libre.. Porque Dobby eligió siempre bien, incluso cuando nadie le pedía que lo hiciera.


Y luego está Fred. En el libro, Percy, que acaba de reconciliarse con su familia después de años de alejamiento, está junto a su hermano riendo por primera vez en mucho tiempo, cuando una explosión lo separa de él para siempre. Rowling no le concede a este momento más de unos pocos párrafos, y esa sobriedad lo hace todavía más devastador. Fred era la mitad de algo indisoluble, y de repente ese algo se quedó incompleto para siempre.


Harry se adentra en el bosque (Las Reliquias de la Muerte)


Pocas secuencias en la literatura juvenil son tan valientes como esta. Harry descubre que para destruir a Voldemort, tiene que morir. En silencio, sin decírselo a nadie, camina hacia el bosque prohibido y toma la piedra de la resurrección. A su lado aparecen sus padres, Sirius y Lupin, todos los que le fueron arrebatados, y Harry les pregunta si duele. En el libro se nos dice que sus manos temblaban, pero que no soltó la piedra, que siguió caminando. Este acto de valentía íntima y sin testigos, es quizás el más heróico de la saga. No hay discursos ni despedidas, solo un chico de diecisiete años que elige morir para que otros puedan vivir, acompañado únicamente por los fantasmas de quienes más amó.


”Always” – Los recuerdos del Príncipe (Las Reliquias de la Muerte)


Si hay una sola palabra que define toda la saga, esa es Siempre. Cuando Harry se sumerge en el pensadero para contemplar los recuerdos de Severus Snape, lo que encuentra no es al villano frío y cruel que creyó conocer durante siete años, sino a un hombre que amó durante toda su vida a Lily Evans con una devoción silenciosa e inquebrantable. La escena donde Dumbledore le pregunta si aún quiere a Lily después de tanto tiempo, y Snape responde con ese ”Siempre” que no necesita más palabras, es uno de los momentos más redentores que ha escrito la literatura fantástica. De golpe, todo cobra sentido: su protección secreta sobre Harry, su crueldad como escudo, su vida entera entregada a una promesa que nadie más sabía que existía… La escritora consiguió algo extraordinario, hacernos llorar por el hombre que tanto habíamos odiado.


Neville planta cara (Las Reliquias de la Muerte – Un regalo de las películas)


Este es el regalo que se nos cuela desde la pantalla, porque aunque la semilla está en el libro, la adaptación cinematográfica le da una dimensión que ha quedado grabada en la memoria colectiva de toda una generación. Neville Longbottom, el chico torpe y olvidadizo que creció a la sombra de los demás, se planta frente a Voldemort con la espada de Gryffindor en la mano y dice lo que durante años fue capaz de decir en voz alta. El arco de Neville es el recordatorio de que el coraje no siempre ruge, a veces llega despacio, paso a paso, tropezando, y cuando por fin se muestra, lo hace con más fuerza que cualquier otro.


La magia de Harry Potter no está en los hechizos ni en las varitas, está en más de veinte años después, hay páginas que siguen siendo imposibles de leer sin que se nos nuble la vista. Y en eso, precisamente, reside su poder más grande.


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