Baúl de Elián Idriswenjellu

Publicado por Elián Idriswenjellu, Ago 22, 2025, 12:06 PM

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Elián Idriswenjellu Aprendiz DRCM/Premio Anual
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10 Palabras Ultima modificación: Ene 07, 2026, 11:48 PM por Elián Idriswenjellu
Familia Idriswenjellu

Madera de OlmoNúcleo de Pelo de Rougarou
37 cm
Expecto Patronum
  • Madera de Olmo
  • Núcleo de Pelo de Rougarou
  • 37 cm
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Elián Idriswenjellu Aprendiz DRCM/Premio Anual
Sigue tomando. Elián se inmiscuye entre el pardo y la espuma porque eventualmente verá el fondo reflectante y retorcido, quizá viendo a través de él todo lo que vea vuelva a tener sentido, es la única cosa que no cambia más allá de todo, el fondo de vidrio y el movimiento de la espuma que cae un poco por la barbilla. En minutos siente asco, aguanta las arcadas, lanza la botella para que se derrame en otro lugar que no le interesa vigilar y deja de hacer fuerzas para mantenerse sentado, recarga toda la espalda en el costado de la cama, su nuca llega a recostarse en el edredón y mira hacia el techo.

Tengo... tengo... tengo que ir por ti, khaly

Puede extender la mano, su polidactilia es nueva, la falta de lucidez en cuanto termina la piel y cuanto empieza la madera también es nueva, pero ahí está, sí, el icor que se extiende por las venas deja de parecerse a la causa de la acidez, quizá descubrió la formula secreta para convertir la sangre mundana en sangre divina, ellos no se preocupan, no tienen que sumirse en asuntos complejos de la existencia ligada a lo terrenal, solo tienen que deshacerse de las molestias y continuar porque son eternos, eternos como la Tierra y el Infierno que existió desde antes.

Whisky, vodka en partes iguales.

Elián sufrió una arcada y se enderezó conteniendo la respiración para evitar vomitar y ahogarse, tosió y luego se tambaleó al levantarse a tropezones, se golpeó la rodilla, se golpeó el empeine del pie. Se desdibuja el piso, los muros tiemblan, apoya una mano, apoya otra mano, casi puede reptar, ahora es una serpiente, un animal sin apego que se mueve entre las sombras hacia la luz.

Escupió delante del espejo y salió del baño apoyando una mano, otra mano, se columpia, ahora puede ser un primate, se mueve entre los asideros que lo guían inconscientemente lejos, cada vez más lejos, tan lejos que el frío es su mejor amigo, abrázame porque la paciencia es tu virtud, santo mío. Asidero tras asidero se tambalea otra vez y el vacío está delante, se extiende en varios escalones que se tuercen a un lado hasta la planta baja, como las escamas del lomo de un dragón de madera, pisando cada uno el dragón gruñe, pero Elián sisea y lo calla. Bajó del dragón y se inclinó hacia adelante, dejó salir el fuego e icor desde el interior de su ser.

Y quiero ir por ti, khaly
Tengo... tengo que ir... Tengo que ir por ti, Jonathan
Por ti, Khanthus
Dime quien se llevó la luz y quien tendrá la claridad


El aire entró a sus pulmones con una fuerza que le hizo enderezarse otra vez, tosió, tosió varias veces, intentó respirar, se está ahogando. No, respira, respira, inhala, no tosas, inhala, inhala, aunque duela, inhala, aunque apenas entre aire a través de tu tráquea herida y entumecida, cosida, prohibida, por una vez cállate, respira y cállate, no hables porque al hablar escuchan tu voz de perro, tu voz de perro malnacido porque fuiste pequeño y frágil cuando llegaste al mundo, tu voz de perro cazador, perro que caza las sobras que tienen los que te golpean, te enseñan y luego te dejan a la intemperie porque eres un perro. No eres tonto, solo que tu valor está extraviado en este lugar ¡Despierta, perro!

Elián distinguió el komorebi entre las ramas más altas del bosque y se tambaleó cuando empezó sus tropezones a través de la hojarasca crujiente, los puntos en el aire y la niebla de la mente no significaron nada porque la hojarasca guio sus movimientos más primitivos, pasa entre las marcas que dejan los hilillos de agua y otros animales, ignora el lodo húmedo, la capa orgánica que recubre los horizontes profundos de la tierra, el aroma nuevo lo trae del cuello hasta que se levanta y el tronco de un árbol casi lo recibe con un agresivo beso afilado de tejido correoso, los mismos que marcan los labios la primera vez que no comprendes lo que significa un beso, solo lo haces en tu imaginación hiperactiva. No, perro, no te distraigas, muévete...

Entre los troncos de los árboles hay destellos de luz, si se mueve a través de ellos entre tropezones, pasos torpes y después una caminata más sensata, cada cierto número de pasos se detiene y observa el komorebi. No cambia, sigue avanzando, sigue pasando entre troncos y mira hacia arriba. El komorebi no cambia. Está dando vueltas y no sabe exactamente qué está buscando, perdió su valor extraviado, sí ¿Dónde lo encontrará en un bosque tan extenso de destellos, troncos, hojarasca, lodo y marcas en la tierra? ¿Cuándo fue la última vez que la paz fue parte de sus sueños?

Mi corazón es tuyo, Cadmus
Ahora... Y-


¡Cadmus! NO, no, no está aquí, estás solo. Elián avanzó por entre los árboles, no hace frío, pero aprieta los puños, los pasos se hacen cada vez más conscientes y sincronizados, se mueve entre los troncos hasta que las sombras del komorebi ahora sí empiezan a cambiar. Empiezan a tomar forma como el dragón por el que bajo del lomo pasando entre las escamas sin estar del todo seguro de qué fue exactamente lo que estaba pensando, primero fue un reptil, luego fue un primate, luego fue el que domaba un dragón, se despertó, se arrastró y cruzó entre los árboles ¿Un ciervo? ¡No! Un okapi, se siente un okapi explorando las gracias de la naturaleza, su último pensamiento era el komorebi cambiando, transmutando paras seguirle el paso y rastrear tus huellas en el suelo húmedo. Este bosque es eterno, a un lado es bosque, a otro lado sigue siendo bosque, si se gira el bosque viene detrás, quizá el pensamiento sobre el icor tenga que ser diferente, el icor no es la sangre de los dioses, quizá el icor sea otro nombre con el cual referirse a la fuerza que conforma el poder de este bosque que lo arrastra hacia adelante, aunque no sepa exactamente a dónde.

Ahora... yo lo doy todo por mi familia
Yo de ti, representando al ayilat...


Pero el limite entre los destellos y las sombras de los árboles se hace cada vez más evidente, se aproxima y el destello aumenta entre dos juveniles cuyas ramas casi entran en contacto para dejar el arco cual señal de escape. Al fin, puede dejar de sentirse perdido, Elián empieza un andar más desesperado, se tropieza, pero avanza, se golpea la rodilla, pero avanza, los pies adquirieron suelas más resbalosas conforme el ultimo destello se mantiene entre los árboles, sigue siendo su salida. Cae, pone las manos, empuja y se levanta, utiliza una roca musgosa para apoyar una mano, avanzando entre respiraciones no pierde la oportunidad de tomar un aire que ya casi no siente el ahogamiento de hace unos momentos, ni siquiera lo recuerda hasta que cruza el destello.

Yo tengo desde Ceuta hasta Esaura
Dentro de...


El mar. El destello entre árboles era la puerta a un mirador. Delante del mirador la ladera desciende en una falda de pastos altos, naranjas, amarillos, los ríos se entrecruzan entre los pastizales, son venas, el viento sacude la extensión de colores cuales faldas de la Madre Naturaleza. ¡Que viva el Sol! ¡Que viva el Sol, libre!

Elián salta del muro que separa el bosque del mirador, mira hacia abajo y mira más allá. De la ladera a los pastizales, a los ríos, a la costa, la playa, las dunas, está el mar. Más allá del mar está su razón porque ahí está la luz. ¡Eso es lo que había estado buscando! Ahí están todos los que está buscando, todos y cada uno.

Busca la luz, busca la luz...
Busca la luz, busca la luz


Saltó del mirador y durante un segundo estaba volando, era uno con los cielos. Gritó por cada uno.

¡Sé la luz!

Cayó en la ladera removiendo los pastos altos con los pies, dio una voltereta manchando sus manos de tierra, perdiendo de vista solo un momento la luz, pero se enderezó y empezó a correr. Es lo que está buscando, el viento le indicó que el miedo está soplando en la dirección contraria porque se está despeinando, pero es allá, más allá del mar las mareas reflejan la luz, la llevan a la arena dónde los granitos minerales proyectan sus sombras hacia el río, el río irá hacia el mar, pero sus reflejos pueden subir, pueden pasar entre las hojas de los pastos altos y llegar a él.

Busca la luz, busca la luz...
¡Busca la luz, busca la luz!
¡Sé la luz!


Saltó sobre un río y gritó una vez más, cayó, rodó, dio otra voltereta y siguió corriendo. Sus pulmones tenían aire, ahora acumulan su cansancio, empiezan a quemar, no más icor, no más sangre del bosque, solo su sangre y su respiración, la deshidratación es para los débiles, puede seguir corriendo, si corriendo purga sus pecados que se lleve su sudor, su piel, sus lágrimas, que todo sea arrastrado por la fricción del viento del miedo de regreso al mirador, siempre en dónde podría estar a salvo para contemplar todos los viajes que crucen el mar, pero nunca siendo él parte de esos viajes. Corrió, corrió más rápido, algo le cortó los brazos, algo pasó por su cara, pero su paso aplasta y remueve los pastos, crea una estela que indica su camino personal. Estaba buscando una sola cosa, aunque sea bajo una congestión alcohólica, un intento de olvidar, dejar de sentir, convertirse en parte del bosque, un destello más en el komorebi, lo que busca lo está llevando a los límites. Las cosas que se compartimentan en el corazón crean fugas que se desangran dentro de nosotros, si no liberas te inundarás, te volverás parte del komorebi arrastrado por tu deseo de aferrarte al pasado. Suéltalo. Saltó otro río y volvió a gritar.

¡Busquen la luz, busquen la luz!
¡Busquen la luz, busquen la luz!
¡Sean la luz!


Cruzó otro río, derrapó entre la tierra y la arena, pero en la costa ya no tenía su calzado ni su playera, toda rasgada por los pastizales que desde la orilla ahora son oro brillante espigado es un montón de harapos que tiró al suelo con un ataque de desesperación. Elián continuó, llegó hasta la orilla de la costa pisoteando los guijarros, pasando la arena más suave, no necesita pantalones, también los perdió en el pastizal, purificará sus heridas con el agua. Más allá del mar la luz brilla, late como un corazón lejano que llama por él. Se acercó al agua, empezó a caminar, se mojó los pies, avanzó, se mojó las piernas, los muslos y su cuerpo empezó a ser engullido en cada paso firme por las aguas saladas y espumosas. Es como nadar en el borde de las lágrimas, al borde de las lágrimas.

Avanzó, está cada vez más cerca de la luz, puede ser la luz, puede ser la luz, más allá del mar late con su ritmo cardiaco, se amplifica y abre los brazos para recibirlo con un gusto casi maternal. Que lo dejen formar parte de ella ¡Es dónde están a los que había perdido! Él no sabe quién se la llevo porque la vio nacer con un poco de sangre, aire, un día desapareció, no sabe quién se los llevó a todos cuando se sumió en la oscuridad, está solo, pero no será así porque no lo quiere más. Vivirá rechazando la oscuridad si así los recupera, los perdió una vez, no los quiere perder otra vez, están en la luz, están más allá de la luz. Por favor, por favor dejen que sea la luz ¡Por favor no te apagues! Casi te alcanza y empieza a nadar para alcanzarte, se beberá todo el océano en sus brazadas si te alcanza, volará incluso, estás atardeciendo, pero sigues ahí...

Elián despertó con un dolor de cabeza y una arcada que lo obligó a regresar el fuego de su ser una segunda vez. No alcanzó la luz... No alcanzó la luz... No sería tan difícil procesarlo de no ser porque es la tercera vez que sueña con ese sentimiento.... Desde que se perdió, sueña con el bosque eterno, sueña con el mirador de su resignación, sueña con correr hacia el mar... sueña con buscar la luz y no llegar a ella.
2070 Palabras #1
Familia Idriswenjellu

Madera de OlmoNúcleo de Pelo de Rougarou
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