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Solicitudes / Solicitud de Sueldo
Último mensaje por Arthur Wright - Hoy a las 02:41 AMSOLICITUD DE SUELDO
TOTAL : 1800 GALEONES
- Moderador Global: 1000 galeones
- Narrador: 800 galeones
#12
Solicitudes / Solicitud de Sueldo
Último mensaje por Leticia de RH - Hoy a las 02:30 AMSeñores, señoras por favor hagan una fila por acá bien derechito así paso a darles su paga.


A ver...
Sueldo Otorgado
#13
Gran Bretaña / La arquitectura de la muerte |...
Último mensaje por Kore A. Giorgatos - Hoy a las 01:41 AMNo creía que fuera tan culpa de la suerte lo que sucedía cada que nos veíamos, aunque era cierto que mi vida se volvía más tranquila cuando no estábamos juntos. Mucho había cambiado desde mis días de escuela hasta ahora, pues sin duda alguna estando en Hogwarts increíblemente me sentía más segura que ahora que ya no vivía en el castillo, además valía la pena mencionar que cuando me había encontrado con Aiden también había vivido una experiencia llena de emoción y adrenalina, lo cual me hizo preguntarme en qué momento había cambiado tanto mi manera de ver la vida que ahora necesitaba ponerme en riesgo para sentirme bien o algo parecido a bien, pues había la excepción del ataque, en ese momento definitivamente no era algo que me causara ningún tipo de sentimiento que se le comparara solo la impotencia y definitivamente ese deseo por querer ayudarle a todos los que estuvieran presentes.
— Espero que esta vez no tengas que llevarme a San Mungo por otras cortaduras en el rostro. — comenté con un tonó de ironía, pero rogando a todos los dioses que me escucharan y evitaran ese final en mi día, pero antes de poder decir algo más mis palabras se quedaron en pausa, pues lo que decía me hizo sonrojar de nuevo. — Espero que después de lo que suceda hoy sigas pensando lo mismo. — no bromeaba, pero tampoco estaba segura de que saldríamos vivos o ilesos, El mundo mágico era un enigma y las cosas que pasaban últimamente y que estaban fuera de nuestras manos. — Parece que de verdad lo pasaste mal en aquel lugar, si sobrevivimos, tendrás que contármelo todo. — pedí y no estuve segura de sí lo que dije fue lo mejor.
Pese al hecho de que aquella criatura era realmente peligrosa y mortal, no quería que sufriera ningún daño. Jamás había estado a favor del maltrato animal y tampoco me gustaba pensar que anteponer mi vida antes que la de otro fuera lo mejor o lo correcto. Mis padres siempre decían que mi forma de ser era de cierta forma contradictoria, pues era cierto que para la profesión que desempeñaba, había muchos elementos que se usaban para las pociones y brebajes que incluían partes de animales y para ello no me oponía. — Bien ahora sí estoy preocupada. — comenté observando a la criatura y luego a Cassian mientras hablaba de las criaturas de Hades, pero justo cuando iba a girar el rostro para pensar en alguna alternativa de ataque, aquella palabra en los labios de Cassian me tomó por sorpresa. "Enamorarse de mujeres peligrosas" en principio mi duda fue, ¿Cuántas eran esas mujeres? y entonces me cayó el veinte... ¿Yo era una de esas mujeres? — ¿Monstruos mitológicos? Bueno ahí tienes una razón para pensar que tan bueno es encontrarnos tan seguido. — dije intentando no hacer mucho caso a lo anterior, aunque el color en las mejillas se encargaban de delatarme sin que yo les diera permiso.
La reacción no duró mucho, pues sin duda alguna lo que teníamos frente a nosotros no nos lo permitía. Cassian soltó mi mano y en ese instante mis ojos se clavaron en la criatura. Todo en mí pedía que respirara hondo, pero sabía que podía ser mortal. Las cadenas que usó para contenerla, solo consiguieron que se enojara más y mantuve la varita en lo alto por si acaso. quería pensar que si hacíamos que el nundu se confundiera nos daría espacio de salir corriendo hacía cualquiera de las paredes que parecía quererse levantar frente a nosotros.
Cuando Cassian me hizo mirarlo mi atención estuvo en cada una de sus palabras. No creía poder entrar en pánico, pero asentí para responderle. Estabamos juntos en esto y no saldría de aquel lugar sola, eso era algo que quería que comprendiera. — Cuidaré tu espalda mientras tu cuidas la mía. — dije en el mismo tono de voz que él uso para decirme las cosas y al oír lo que me decía sobre el pastel sonreí, a pesar de tener todo en contra nuestra. — Ningún pastel se merece un trato así. — dije en broma y negué, pero ese instante vi como la criatura se soltaba de las cadenas que Cassian le había lanzado y lo único que salió de mis labios fue lanzar el primer hechizo que me vino a la cabeza. — Depulso. — el hechizo salió de mi varita y alcanzó al Nundu expulsándolo frente a nosotros y enseguida le dije a Cassian lo primero que se me ocurrió. — Si corremos tal vez podamos evitar que nos alcance rápido. — lo miré con una sonrisa inocente y jalé su mano como haría cualquiera para hacer que se moviera.
— Espero que esta vez no tengas que llevarme a San Mungo por otras cortaduras en el rostro. — comenté con un tonó de ironía, pero rogando a todos los dioses que me escucharan y evitaran ese final en mi día, pero antes de poder decir algo más mis palabras se quedaron en pausa, pues lo que decía me hizo sonrojar de nuevo. — Espero que después de lo que suceda hoy sigas pensando lo mismo. — no bromeaba, pero tampoco estaba segura de que saldríamos vivos o ilesos, El mundo mágico era un enigma y las cosas que pasaban últimamente y que estaban fuera de nuestras manos. — Parece que de verdad lo pasaste mal en aquel lugar, si sobrevivimos, tendrás que contármelo todo. — pedí y no estuve segura de sí lo que dije fue lo mejor.
Pese al hecho de que aquella criatura era realmente peligrosa y mortal, no quería que sufriera ningún daño. Jamás había estado a favor del maltrato animal y tampoco me gustaba pensar que anteponer mi vida antes que la de otro fuera lo mejor o lo correcto. Mis padres siempre decían que mi forma de ser era de cierta forma contradictoria, pues era cierto que para la profesión que desempeñaba, había muchos elementos que se usaban para las pociones y brebajes que incluían partes de animales y para ello no me oponía. — Bien ahora sí estoy preocupada. — comenté observando a la criatura y luego a Cassian mientras hablaba de las criaturas de Hades, pero justo cuando iba a girar el rostro para pensar en alguna alternativa de ataque, aquella palabra en los labios de Cassian me tomó por sorpresa. "Enamorarse de mujeres peligrosas" en principio mi duda fue, ¿Cuántas eran esas mujeres? y entonces me cayó el veinte... ¿Yo era una de esas mujeres? — ¿Monstruos mitológicos? Bueno ahí tienes una razón para pensar que tan bueno es encontrarnos tan seguido. — dije intentando no hacer mucho caso a lo anterior, aunque el color en las mejillas se encargaban de delatarme sin que yo les diera permiso.
La reacción no duró mucho, pues sin duda alguna lo que teníamos frente a nosotros no nos lo permitía. Cassian soltó mi mano y en ese instante mis ojos se clavaron en la criatura. Todo en mí pedía que respirara hondo, pero sabía que podía ser mortal. Las cadenas que usó para contenerla, solo consiguieron que se enojara más y mantuve la varita en lo alto por si acaso. quería pensar que si hacíamos que el nundu se confundiera nos daría espacio de salir corriendo hacía cualquiera de las paredes que parecía quererse levantar frente a nosotros.
Cuando Cassian me hizo mirarlo mi atención estuvo en cada una de sus palabras. No creía poder entrar en pánico, pero asentí para responderle. Estabamos juntos en esto y no saldría de aquel lugar sola, eso era algo que quería que comprendiera. — Cuidaré tu espalda mientras tu cuidas la mía. — dije en el mismo tono de voz que él uso para decirme las cosas y al oír lo que me decía sobre el pastel sonreí, a pesar de tener todo en contra nuestra. — Ningún pastel se merece un trato así. — dije en broma y negué, pero ese instante vi como la criatura se soltaba de las cadenas que Cassian le había lanzado y lo único que salió de mis labios fue lanzar el primer hechizo que me vino a la cabeza. — Depulso. — el hechizo salió de mi varita y alcanzó al Nundu expulsándolo frente a nosotros y enseguida le dije a Cassian lo primero que se me ocurrió. — Si corremos tal vez podamos evitar que nos alcance rápido. — lo miré con una sonrisa inocente y jalé su mano como haría cualquiera para hacer que se moviera.
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#14
Club de pociones / Club De Pociones |Antídoto par...
Último mensaje por Gabriel M. Bane - Hoy a las 01:33 AMGabriel negó con la cabeza al escuchar la acusación tan segura de Darius, como si estuviera completamente convencido de que todo aquello era un elaborado plan para distraerlo. —¿Distraerte? —repitió con una ceja arqueada y una expresión de inocencia exageradamente falsa— Darius Steward, por favor... estoy siendo un profesional extremadamente serio en este momento. Mira que trabajar con fuego no es sencillo — La mentira prácticamente se sostuvo por dos segundos, antes de que otra risa volvier a escapar de su boca — Está bien, tengo que admitirlo, no es intencional... Aunque debo admitir que me halaga bastante que incluso mientras estás viviendo tu peor pesadilla académica sigas encontrándome atractivo. Es un nivel de amor bastante preocupante, honestamente.—
Movió las pinzas con cuidado alrededor del pequeño arbusto, apartando algunas ramas antes de sujetar una de las semillas brillantes. La diminuta esfera rojiza emitió un leve chasquido apenas fue separada de la planta, como una pequeña brasa reaccionando al aire frío. Gabriel la observó unos segundos antes de depositarla con suavidad sobre un pequeño plato de piedra especialmente preparado para ingredientes inestables. Así estuvo con al menos 6 de esas semillas. Las fue colocando una por una, ccon mucho cuidado, evitando cualquier cambio brusco que pudiera alterarlas demasiado.
—Además, si quisiera distraerte estaría usando métodos muchísimo menos sutiles —añadió con evidente diversión, lanzándole una mirada rápida por encima del hombro. Una vez terminó de reunir la cantidad necesaria, volvió hacia la mesa principal mientras dejaba las pinzas a un lado. Su atención bajó entonces hacia el mortero que Darius había estado trabajando y tomó un poco del polvo entre los dedos para observar la textura. Una pequeña sonrisa satisfecha apareció. —Mmm, mira esto — Levantó apenas una ceja. —Está excelente, profesor, sorprendentemente no se destruyó nada mientras lo hacías — Le dio una palmadita suave en el hombro.
—Estoy orgulloso, estás superando tus miedos y estás haciendo un buen trabajo — Abrió entonces otro pequeño frasco y lo acercó hacia él. Dentro descansaban pequeños caparazones de chizpurfle. —Bien, siguiente paso... Quiero que agregues cuatro caparazones al caldero.— Hizo una pausa y lo miró inquisitivamente —Solo cuatro...— Se acercó un poco a su rostro y lo miró fijamente unos segundos. —Cuatro, Darius...— Y luego sonrió con clara intención de molestarlo. —Aunque si contar hasta cuatro es demasiado complicado puedo hacerlo yo. Entendería perfectamente, claramente ya has pasado por una situación emocional bastante intensa hoy. Puedo hacer excepciones por mi maestro favorito—
Mientras hablaba tomó el polvo de cuerno de graphorn y lo dejó caer lentamente dentro del agua caliente. El líquido reaccionó casi de inmediato y la superficie comenzó a ondularse suavemente, adquiriendo una tonalidad azul grisácea que empezó a extenderse poco a poco por el interior del caldero. Gabriel observó el cambio con atención y asintió satisfecho. —Bien... ahora toca esperar un poco. El polvo necesita integrarse antes del siguiente paso. Las pociones también tienen tiempos, no todo es arrojar cosas y esperar milagros.—
Movió las pinzas con cuidado alrededor del pequeño arbusto, apartando algunas ramas antes de sujetar una de las semillas brillantes. La diminuta esfera rojiza emitió un leve chasquido apenas fue separada de la planta, como una pequeña brasa reaccionando al aire frío. Gabriel la observó unos segundos antes de depositarla con suavidad sobre un pequeño plato de piedra especialmente preparado para ingredientes inestables. Así estuvo con al menos 6 de esas semillas. Las fue colocando una por una, ccon mucho cuidado, evitando cualquier cambio brusco que pudiera alterarlas demasiado.
—Además, si quisiera distraerte estaría usando métodos muchísimo menos sutiles —añadió con evidente diversión, lanzándole una mirada rápida por encima del hombro. Una vez terminó de reunir la cantidad necesaria, volvió hacia la mesa principal mientras dejaba las pinzas a un lado. Su atención bajó entonces hacia el mortero que Darius había estado trabajando y tomó un poco del polvo entre los dedos para observar la textura. Una pequeña sonrisa satisfecha apareció. —Mmm, mira esto — Levantó apenas una ceja. —Está excelente, profesor, sorprendentemente no se destruyó nada mientras lo hacías — Le dio una palmadita suave en el hombro.
—Estoy orgulloso, estás superando tus miedos y estás haciendo un buen trabajo — Abrió entonces otro pequeño frasco y lo acercó hacia él. Dentro descansaban pequeños caparazones de chizpurfle. —Bien, siguiente paso... Quiero que agregues cuatro caparazones al caldero.— Hizo una pausa y lo miró inquisitivamente —Solo cuatro...— Se acercó un poco a su rostro y lo miró fijamente unos segundos. —Cuatro, Darius...— Y luego sonrió con clara intención de molestarlo. —Aunque si contar hasta cuatro es demasiado complicado puedo hacerlo yo. Entendería perfectamente, claramente ya has pasado por una situación emocional bastante intensa hoy. Puedo hacer excepciones por mi maestro favorito—
Mientras hablaba tomó el polvo de cuerno de graphorn y lo dejó caer lentamente dentro del agua caliente. El líquido reaccionó casi de inmediato y la superficie comenzó a ondularse suavemente, adquiriendo una tonalidad azul grisácea que empezó a extenderse poco a poco por el interior del caldero. Gabriel observó el cambio con atención y asintió satisfecho. —Bien... ahora toca esperar un poco. El polvo necesita integrarse antes del siguiente paso. Las pociones también tienen tiempos, no todo es arrojar cosas y esperar milagros.—
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#15
Transformaciones / Transformaciones | ¿Abra... Ca...
Último mensaje por A. Caelus Iacovone - Hoy a las 01:19 AM
¿Abra... Cadabra?
La clase comenzaba a tomar forma de nuevo, aunque algunos muebles no habían aparecido donde se les requería, es decir, en el suelo y correctamente colocados; otros sin embargo desempeñaban su función desde las alturas de las antiguas bóvedas de la sala, y alguna que otra silla parecía haberse quedado anclada entre las paredes, y de forma horizontal, rompiendo porcompleto la estética clásica del aula para dar rienda suelta a la sutileza de la magia en su más puro esplendor. El profesor dio una palmada con la mano para reclamar la atención de sus alumnos, y a continuación, se aproximó hacia ellos: - ¡Bene, bene! - Dijo, en un tono animado. A pesar de la dificultad de la clase, la mayoría de los alumnos habían logrado comprender lo compleja que se mostraba dicha asignatura, y sobre todo, la utilidad que podía adquirir en tiempos necesarios. - ¡Molto bene! Ahora, podéis descansar del arduo trabajo que ha sido buscar vuestras cosas... A propósito, también aparecieron algunos refrescos, zumos y algo para picar en la mesa del profesor... ¡Adelante, coged lo que queráis! - El moreno se hizo a un lado para dar paso a la excelente mesa preparada con motivos festivos, sólo para animar a los alumnos a seguir siendo constantes con la tarea y las enseñanzas.
Información
Cronograma
Inicio de clase: 4 de mayo
Actualización de clase: 14 de mayo
Cierre de clase: 24 de mayo
(Abierta a nuevos ingresos)
Reglas y sanciones
Normativa On-rol:
● Respetar las normas del colegio.
● No utilizar la magia sin autorización.
● No interrumpir el correcto desarrollo de la clase.
● No ingerir alimentos o bebidas durante la clase.
● No fumar durante la clase.
● Uso de lenguaje vulgar hacia compañeros o LightCoral;">Sanciones:
- Falta Leve: El alumno molestó en clase pero no fue para tanto - 25 Puntos de Casa
- Falta Media: El alumno generó un alboroto importante - 50 Puntos de Casa y Proceso Disciplinario.
- Falta Grave: El alumno generó un caos que casi imposibilita continuar la clase - 100 Puntos de Casa y Proceso Disciplinario.
Normativa Off-rol:
- Prohibido eliminar post de dado, se realizará sanción inmediata.
- Mínimo 200 palabras por post de rol.
- Son libres de interactuar entre ustedes.
- No se considerarán dados sin post narrativo.
- La puntuación máxima que un estudiante puede obtener en la clase son 600 puntos y 300 galeones si la clase exige 3 posts.
- En la lanzada de dados, tras su correspondiente narrativo, el alumno tendrá que esperar un periodo de 48 horas para poder lanzar de nuevo, o que otro estudiante postee un narrativo después del suyo. En caso contrario, el dado se considerará nulo y el resultado será tomado como 0, teniendo que rolear en consecuencia. Junto con una penalización de -25 puntos para su casa. Se permitirá [b]una excepción (1 post de rol)[/b] a esta norma solo 48 horas antes del día de cierre, siempre y cuando ya tenga post de rol previo.
Galeones y Puntos a otorgar
Importante:
- Por cada post narrativo: 100 galeones y 200 puntos para tu casa.
- A la hora de dar puntos y galeones solo se tendrán en cuenta los post narrativos.
- La puntuación máxima que un estudiante puede obtener en la clase son 600 puntos y 300 galeones si la clase exige 3 posts.
Premios
Premio principal:
Appare Vestigium:
o su equivalente en galeones (300G)
Premio de consolación:
Poción Volubilis
o su equivalente en galeones (70G)

o su equivalente en galeones (300G)
Premio de consolación:
Poción Volubilis
o su equivalente en galeones (70G)

Prof. A. Caelus Iacovone - Clase mayo Transformaciones - Con Intervención
#16
Club de pociones / Club De Pociones |Antídoto par...
Último mensaje por Darius Steward - Hoy a las 01:03 AMLa forma en que Gabriel comenzó a burlarse de ti logró arrancarte una expresión entre ofendida y divertida mientras lo observabas hablar como si fuera una especie de tonto. Honestamente, seguías pensando que las pociones eran una forma particularmente cruel de tortura académica, pero escuchar a Gabriel decir todas esas cosas con semejante tranquilidad logró hacer que soltaras una risotada mientras negabas apenas con la cabeza.
—¿Sabes qué es lo peor? Que estoy bastante seguro de que preferiría enfrentarme a una acromántula gigante antes que pasar tres horas encerrado haciendo pociones —murmuraste con absoluta sinceridad— Las criaturas al menos intentan matarte de frente, en cambio los calderos esperan a que bajes la guardia emocionalmente, te hacen creer que van por buen camino, luego agregas un par de alas de hada y pum, tienes que limpiar una sustancia asquerosa del techo durante 3 días — hiciste un ademán com si te recorriera un escalofrío.
La sonrisa ladina apareció apenas cuando escuchaste aquella respuesta sobre "castigos" y juegos privados. Tu mirada recorrió el rostro de Gabriel un instante y terminaste sonriendo de medio lado, claramente satisfecho de haber conseguido esa reacción. —Ah, así que sí quieres jugar al alumno problemático —comentaste divertido mientras levantabas una ceja — Debí sospecharlo, honestamente tienes cara de ser el tipo de estudiante que coquetea con el profesor... Eso de que "no rompí un plato en el colegio" no me lo estoy empezando a creer— le respondió en broma.
El comentario sobre Costello hizo que tu expresión se suavizara un poco más. Lo observaste unos segundos en silencio mientras acomodabas el mortero frente a ti... Sabías que Gabriel cargaba con demasiadas cosas encima, demasiados riesgos, demasiadas amenazas silenciosas derivadas de todo lo que hacía dentro y fuera de San Mungo. Y aunque jamás le pedirías que dejara de luchar por lo que consideraba correcto, sí deseabas poder darle aunque fuera un poco de paz entre todo aquello. —No puedes controlar todo lo que pasa ahí fuera, Gabriel —respondiste finalmente con voz mucho más tranquila, con una expresión serena— Y tampoco pienso dejar que cargues solo con todo eso. Así que acostúmbrate a la idea de que voy a seguir metiéndome en problemas contigo—
La confesión logró hacer que tu mirada se suavizara todavía más. El "yo te amo" salió de él con una naturalidad que todavía conseguía golpearte en el pecho de una forma bastante absurda. Bajaste la vista avergonzando hacia el mortero, intentando fingir concentración para no parecer demasiado afectado, aunque una pequeña sonrisa boba terminó delatándote de todas formas. —Bueno, sería bastante incómodo descubrir ahora que sí necesitábamos amortentia después de todo — murmuraste con humor suave antes de volver a mirarlo — Pero no, creo que estamos atrapados en esto por voluntad propia. Bastante trágico para ambos, honestamente.— El beso corto logró relajarte un poco más antes de finalmente concentrarte en la mesa y en el enorme enemigo mineral frente a ti.
Tu expresión inmediatamente volvió a reflejar sufrimiento absoluto. —Te odio un poco por hacerme vivir esto —declaraste mientras abrías el frasco y observabas el cuerno de graphorn como si personalmente te hubiera insultado. Tomaste uno de los fragmentos y lo dejaste dentro del mortero antes de empezar a triturarlo lentamente. El sonido seco de la piedra contra el material llenó parte del silencio de la habitación mientras intentabas recordar vagamente todo lo que alguna vez habías aprendido en Hogwarts sin sufrir una crisis existencial en el proceso.
—Además, quiero que quede registrado oficialmente que si esto explota, incendia el salón o libera gases tóxicos, la responsabilidad moral es completamente tuya por obligarme a participar.— Aun así continuaste trabajando. Torpemente al inicio, quizá con más fuerza de la necesaria, pero poco a poco comenzaste a encontrar cierto ritmo mientras el cuerno empezaba a convertirse en polvo fino.
Tus ojos terminaron desviándose hacia Gabriel cuando se acercó a las semillas de fuego. La atención seria con la que las manipulaba hizo que automáticamente te pusieras un poco más alerta. —Sabes que el hecho de que hayas dicho "sin incendiar medio salón" no me transmite precisamente confianza, ¿verdad? —comentaste mientras seguías triturando el ingrediente— Porque normalmente esa frase la dicen mis estudiantes justo antes de una catástrofe— Lo observaste un segundo más antes de sonreír apenas. —Aunque debo admitir que verte trabajar así sigue siendo atractivo de una manera bastante injusta. Muy sanador talentoso, muy experto, muy concentrado... realmente estás usando tus poderes para el mal... quieres que me distraiga, yo lo sé—
—¿Sabes qué es lo peor? Que estoy bastante seguro de que preferiría enfrentarme a una acromántula gigante antes que pasar tres horas encerrado haciendo pociones —murmuraste con absoluta sinceridad— Las criaturas al menos intentan matarte de frente, en cambio los calderos esperan a que bajes la guardia emocionalmente, te hacen creer que van por buen camino, luego agregas un par de alas de hada y pum, tienes que limpiar una sustancia asquerosa del techo durante 3 días — hiciste un ademán com si te recorriera un escalofrío.
La sonrisa ladina apareció apenas cuando escuchaste aquella respuesta sobre "castigos" y juegos privados. Tu mirada recorrió el rostro de Gabriel un instante y terminaste sonriendo de medio lado, claramente satisfecho de haber conseguido esa reacción. —Ah, así que sí quieres jugar al alumno problemático —comentaste divertido mientras levantabas una ceja — Debí sospecharlo, honestamente tienes cara de ser el tipo de estudiante que coquetea con el profesor... Eso de que "no rompí un plato en el colegio" no me lo estoy empezando a creer— le respondió en broma.
El comentario sobre Costello hizo que tu expresión se suavizara un poco más. Lo observaste unos segundos en silencio mientras acomodabas el mortero frente a ti... Sabías que Gabriel cargaba con demasiadas cosas encima, demasiados riesgos, demasiadas amenazas silenciosas derivadas de todo lo que hacía dentro y fuera de San Mungo. Y aunque jamás le pedirías que dejara de luchar por lo que consideraba correcto, sí deseabas poder darle aunque fuera un poco de paz entre todo aquello. —No puedes controlar todo lo que pasa ahí fuera, Gabriel —respondiste finalmente con voz mucho más tranquila, con una expresión serena— Y tampoco pienso dejar que cargues solo con todo eso. Así que acostúmbrate a la idea de que voy a seguir metiéndome en problemas contigo—
La confesión logró hacer que tu mirada se suavizara todavía más. El "yo te amo" salió de él con una naturalidad que todavía conseguía golpearte en el pecho de una forma bastante absurda. Bajaste la vista avergonzando hacia el mortero, intentando fingir concentración para no parecer demasiado afectado, aunque una pequeña sonrisa boba terminó delatándote de todas formas. —Bueno, sería bastante incómodo descubrir ahora que sí necesitábamos amortentia después de todo — murmuraste con humor suave antes de volver a mirarlo — Pero no, creo que estamos atrapados en esto por voluntad propia. Bastante trágico para ambos, honestamente.— El beso corto logró relajarte un poco más antes de finalmente concentrarte en la mesa y en el enorme enemigo mineral frente a ti.
Tu expresión inmediatamente volvió a reflejar sufrimiento absoluto. —Te odio un poco por hacerme vivir esto —declaraste mientras abrías el frasco y observabas el cuerno de graphorn como si personalmente te hubiera insultado. Tomaste uno de los fragmentos y lo dejaste dentro del mortero antes de empezar a triturarlo lentamente. El sonido seco de la piedra contra el material llenó parte del silencio de la habitación mientras intentabas recordar vagamente todo lo que alguna vez habías aprendido en Hogwarts sin sufrir una crisis existencial en el proceso.
—Además, quiero que quede registrado oficialmente que si esto explota, incendia el salón o libera gases tóxicos, la responsabilidad moral es completamente tuya por obligarme a participar.— Aun así continuaste trabajando. Torpemente al inicio, quizá con más fuerza de la necesaria, pero poco a poco comenzaste a encontrar cierto ritmo mientras el cuerno empezaba a convertirse en polvo fino.
Tus ojos terminaron desviándose hacia Gabriel cuando se acercó a las semillas de fuego. La atención seria con la que las manipulaba hizo que automáticamente te pusieras un poco más alerta. —Sabes que el hecho de que hayas dicho "sin incendiar medio salón" no me transmite precisamente confianza, ¿verdad? —comentaste mientras seguías triturando el ingrediente— Porque normalmente esa frase la dicen mis estudiantes justo antes de una catástrofe— Lo observaste un segundo más antes de sonreír apenas. —Aunque debo admitir que verte trabajar así sigue siendo atractivo de una manera bastante injusta. Muy sanador talentoso, muy experto, muy concentrado... realmente estás usando tus poderes para el mal... quieres que me distraiga, yo lo sé—
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#17
Continentes / El Reino de la Sangre | Duban ...
Último mensaje por Iris Quigley - Hoy a las 12:42 AM✾
— MT Aurores 4/5 —
Con @Duban Black
La manifestación del hechizo de Duban le hizo parpadear. Iris observó de reojo el proceso con una mezcla de interés y prudencia; ese era un hechizo que costaba más que magia, pero era más importante detener todo este asunto que desgastarse. Curiosamente, eso generó una apertura; era un buen momento para acercarse más a la zona ritual. Le hizo un ademán a Duban para confirmar el avance; después de todo, no creía que se hubieran cansado de atacarlos, por lo que tocaba ir con cautela. Mientras tanto, el aroma metálico y rancio en el aire continuaba intensificándose, lo cual era otra señal de urgencia.
Un tramo adelante, una silueta emergió súbitamente, avanzando directo hacia ellos. Por puro reflejo de combate, Iris alzó la varita dispuesta a lanzarle un depulso, pero se detuvo a casi nada. El andar era errático, nervioso, y de paso la figura tropezó y terminó en el suelo. Parecía más alguien que intentaba escapar del horror del ritual. Iris se acercó pensando darle una poción para que se recuperara un poco y huyera, pero antes de poder llegar, aparecieron más vampiros. A la par, una sensación gélida y extraña la recorrió por dentro poniendo una breve mueca en su rostro. Fue un tirón suave en la boca del estómago, como si algo se revolviera dentro de ella. El instinto de supervivencia se disparó por encima de su deseo de ayudar, y haciendo uso de su velocidad innata, alcanzó a retroceder de inmediato. Sin esperar nada más, no fuera que la distancia se acortara de nuevo, lanzó una combinación de protego, a la persona que parecía desmayada, y un Ignem Secans al frente; las cuchillas encendidas cayeron sobre las figuras deteniendo el avance. — Eso estuvo cerca — Murmuró, no estaba segura de quién fue exactamente. — Uno de ellos tiene la habilidad — Dijo en dirección a Duban aunque seguramente por como ella reaccionó ya lo habría supuesto; igual tocaba neutralizarlos a todos.
Un tramo adelante, una silueta emergió súbitamente, avanzando directo hacia ellos. Por puro reflejo de combate, Iris alzó la varita dispuesta a lanzarle un depulso, pero se detuvo a casi nada. El andar era errático, nervioso, y de paso la figura tropezó y terminó en el suelo. Parecía más alguien que intentaba escapar del horror del ritual. Iris se acercó pensando darle una poción para que se recuperara un poco y huyera, pero antes de poder llegar, aparecieron más vampiros. A la par, una sensación gélida y extraña la recorrió por dentro poniendo una breve mueca en su rostro. Fue un tirón suave en la boca del estómago, como si algo se revolviera dentro de ella. El instinto de supervivencia se disparó por encima de su deseo de ayudar, y haciendo uso de su velocidad innata, alcanzó a retroceder de inmediato. Sin esperar nada más, no fuera que la distancia se acortara de nuevo, lanzó una combinación de protego, a la persona que parecía desmayada, y un Ignem Secans al frente; las cuchillas encendidas cayeron sobre las figuras deteniendo el avance. — Eso estuvo cerca — Murmuró, no estaba segura de quién fue exactamente. — Uno de ellos tiene la habilidad — Dijo en dirección a Duban aunque seguramente por como ella reaccionó ya lo habría supuesto; igual tocaba neutralizarlos a todos.
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• Suma total: 9
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#18
Pasillos / Lo correcto en lo incorrecto [...
Último mensaje por Albert Wright - Hoy a las 12:28 AMLa escucha sin interrumpirla esta vez. De verdad la escucha. No solo las palabras, sino el peso detrás de ellas. Ese cansancio que no parecía venir únicamente de dormir poco. La manera en que habla de "quien debería ser" le deja claro que no está hablando de simples expectativas familiares ni de un futuro cualquiera. Hay algo más profundo ahí, algo que él probablemente no alcanza a comprender del todo... pero tampoco siente la necesidad de obligarla a explicarlo. Y quizás por eso mismo no intenta llenar el silencio demasiado rápido.
Se queda un momento observando el vapor subir de la taza antes de hablar, apoyando los brazos sobre la mesa de manera relajada.
—Creo que nadie habla suficiente de lo agotador que es sentir que siempre tienes que estar a la altura de algo.
La mira de reojo apenas, suave.
—Y peor todavía cuando parece que todos esperan que lo hagas bien... menos tú mismo.
No lo dice como si creyera entender exactamente lo que ella vive. No sería arrogante suficiente para eso. Pero sí entiende esa sensación de quedarse atrapado entre lo que uno es y lo que "debería" ser. Cuando ella menciona las ventanas rotas, Albert termina soltando una risa corta, genuina.
—Bueno, eso sí suena como una habilidad bastante especializada.
Levanta ligeramente la taza hacia ella otra vez.
—"Rompedora profesional de ventanas". Bastante impresionante, honestamente.
La sonrisa le dura un segundo más antes de suavizarse un poco.
—Aunque... —inclina apenas la cabeza— creo que prefiero esta versión tuya.
No tarda en aclararlo, por si acaso.
—La que ríe hablando de chocolate y bailes raros y saltar por ventanas. Esa parece mucho menos cansada.
Hay algo cálido en la manera en que lo dice. No como si estuviera ignorando lo demás, sino como si estuviera intentando recordarle que esa parte también existe. Que no todo en ella tiene que ser peso y responsabilidad. Juega distraídamente con el borde de la taza antes de volver a hablar.
—Y quizá no sirva de mucho viniendo de alguien que claramente no tiene idea de lo que pasa por tu cabeza... —una media sonrisa se le escapa— pero creo que el hecho de que te importe tanto hacerlo bien ya dice bastante de ti.
Hace una pausa breve.
—La gente realmente peligrosa rara vez se cuestiona si está fallando.
Después de decirlo, baja un poco la vista hacia su chocolate, como si acabara de darse cuenta de que eso sonó más serio de lo que esperaba. Entonces resopla una pequeña risa.
—Aunque bueno... tampoco sé si soy la mejor persona para dar consejos profundos. Hace diez minutos estábamos hablando de escapar por ventanas.
Y ahí vuelve esa chispa ligera en sus ojos.
—Pero mantengo mi postura: mientras las ventanas sobrevivan esta noche, creo que vamos progresando bastante bien.
Se queda un momento observando el vapor subir de la taza antes de hablar, apoyando los brazos sobre la mesa de manera relajada.
—Creo que nadie habla suficiente de lo agotador que es sentir que siempre tienes que estar a la altura de algo.
La mira de reojo apenas, suave.
—Y peor todavía cuando parece que todos esperan que lo hagas bien... menos tú mismo.
No lo dice como si creyera entender exactamente lo que ella vive. No sería arrogante suficiente para eso. Pero sí entiende esa sensación de quedarse atrapado entre lo que uno es y lo que "debería" ser. Cuando ella menciona las ventanas rotas, Albert termina soltando una risa corta, genuina.
—Bueno, eso sí suena como una habilidad bastante especializada.
Levanta ligeramente la taza hacia ella otra vez.
—"Rompedora profesional de ventanas". Bastante impresionante, honestamente.
La sonrisa le dura un segundo más antes de suavizarse un poco.
—Aunque... —inclina apenas la cabeza— creo que prefiero esta versión tuya.
No tarda en aclararlo, por si acaso.
—La que ríe hablando de chocolate y bailes raros y saltar por ventanas. Esa parece mucho menos cansada.
Hay algo cálido en la manera en que lo dice. No como si estuviera ignorando lo demás, sino como si estuviera intentando recordarle que esa parte también existe. Que no todo en ella tiene que ser peso y responsabilidad. Juega distraídamente con el borde de la taza antes de volver a hablar.
—Y quizá no sirva de mucho viniendo de alguien que claramente no tiene idea de lo que pasa por tu cabeza... —una media sonrisa se le escapa— pero creo que el hecho de que te importe tanto hacerlo bien ya dice bastante de ti.
Hace una pausa breve.
—La gente realmente peligrosa rara vez se cuestiona si está fallando.
Después de decirlo, baja un poco la vista hacia su chocolate, como si acabara de darse cuenta de que eso sonó más serio de lo que esperaba. Entonces resopla una pequeña risa.
—Aunque bueno... tampoco sé si soy la mejor persona para dar consejos profundos. Hace diez minutos estábamos hablando de escapar por ventanas.
Y ahí vuelve esa chispa ligera en sus ojos.
—Pero mantengo mi postura: mientras las ventanas sobrevivan esta noche, creo que vamos progresando bastante bien.
#19
Gran Bretaña / La arquitectura de la muerte |...
Último mensaje por Charles Wright - Hoy a las 12:10 AMLa situación empeoraba con cada minuto o segundo, si podía decirlo mejor. Aún así, dentro de toda complicación había una luz, en este caso, un brillo que podía aplacar el sentimiento de ansiedad o de nervios en general. Charles se dio la vuelta cuando notó aquella extrañeza reflejada y las mismas palabras de su hermano. Claro, la figura de Meredith envuelta en el agua, las escamas brillosas y la habilidad con la que estaba manejando la situación era, por lo menos, cautivadora. La reacción de su hermano le daba una mezcla de ternura y cierta comprensión del enamoramiento que había mostrado en cada interacción con la chica. El músico esbozó una sonrisa de lado para girarse esta vez hacia Albert —Así que ¿el canto de una sirena?— Fue casi un susurro, no de alguna forma burlona, sino un comentario que creía oportuno y que podía aflojar también la tensión que se sentía por el continuo peligro del nundu detrás del muro y el laberinto en el que se veían atrapados.
Mientras Albert ahora se ocupaba de hacer sólida el agua y ellos se veían elevados por las burbujas, hubo una sensación prematura de alivio —Está bien— Respondió al llamado de su hermano. Cuando el muro cedió, Charles movió su varita haciendo que las lianas lo sujetaran un poco, pero con la fuerza que llevaba esa criatura era claro que se iría a soltar. Los rugidos del nundu estaban perturbando lo que habían conseguido crear para escapar tanto de este como del encierro y no podía dejar que lo arruinara allí —Nada más triste que perder tu propia voz— Movió apenas un poco la cabeza en un gesto que mostraba la incomodidad de quitarle algo tan importante como eso a un ser vivo, pero tampoco tenía mucha más opción —Silencius— El rugido del nundu de pronto desapareció y las vibraciones que creaba para agrietar las estructuras ya no estarían allí —Aunque un bozal sería mucho mejor— Fue un comentario más para sí mismo que para los otros.
En solo darse la vuelta notó a Albert sobre el hielo ya, Charles dio un salto también para subirse a esta y aunque el nundu no poseía su rugido podía hacer temblar la estructura. Casi le da un ataque al corazón verlo perder el equilibrio por un segundo y cuando lanzó ese comentario sobre sus citas, soltó el aire que había guardado en ese susto con una leve mueca —Vas a tener que planear algo que cubra todo lo que ha pasado hoy— No creía que tuviera que decírselo, probablemente Albert ya lo tendría en mente para compensarlo —Subamos— indicó antes de dar una última ojeada al nundu por debajo. —Suffocante— Era solo un intento por seguir manteniendo ocupada a la criatura para que no quebrara la estructura de hielo. Era difícil caminar por la capa congelada, sentía que los pies podría irsele en cualquier momento. Y precisamente en ese momento, algo sonó, un ruido mecánico y las paredes que estaban alrededor empezaron a moverse —¡Cuidado!— avisó mientras se agachó para agarrarse sabiendo que ahora en lo alto y el hielo perder el equilibrio era de lo más sencillo —Cuando terminen de moverse, deberíamos cambiar de pared para avanzar. Meredith ¿Puedes avanzar así también?— Moverse sobre esas cornisas era la mejor opción aún con el peligro de la altura, pero si había que ayudarla ahora que había perdido sus piernas, también podían hacer algo.
Mientras Albert ahora se ocupaba de hacer sólida el agua y ellos se veían elevados por las burbujas, hubo una sensación prematura de alivio —Está bien— Respondió al llamado de su hermano. Cuando el muro cedió, Charles movió su varita haciendo que las lianas lo sujetaran un poco, pero con la fuerza que llevaba esa criatura era claro que se iría a soltar. Los rugidos del nundu estaban perturbando lo que habían conseguido crear para escapar tanto de este como del encierro y no podía dejar que lo arruinara allí —Nada más triste que perder tu propia voz— Movió apenas un poco la cabeza en un gesto que mostraba la incomodidad de quitarle algo tan importante como eso a un ser vivo, pero tampoco tenía mucha más opción —Silencius— El rugido del nundu de pronto desapareció y las vibraciones que creaba para agrietar las estructuras ya no estarían allí —Aunque un bozal sería mucho mejor— Fue un comentario más para sí mismo que para los otros.
En solo darse la vuelta notó a Albert sobre el hielo ya, Charles dio un salto también para subirse a esta y aunque el nundu no poseía su rugido podía hacer temblar la estructura. Casi le da un ataque al corazón verlo perder el equilibrio por un segundo y cuando lanzó ese comentario sobre sus citas, soltó el aire que había guardado en ese susto con una leve mueca —Vas a tener que planear algo que cubra todo lo que ha pasado hoy— No creía que tuviera que decírselo, probablemente Albert ya lo tendría en mente para compensarlo —Subamos— indicó antes de dar una última ojeada al nundu por debajo. —Suffocante— Era solo un intento por seguir manteniendo ocupada a la criatura para que no quebrara la estructura de hielo. Era difícil caminar por la capa congelada, sentía que los pies podría irsele en cualquier momento. Y precisamente en ese momento, algo sonó, un ruido mecánico y las paredes que estaban alrededor empezaron a moverse —¡Cuidado!— avisó mientras se agachó para agarrarse sabiendo que ahora en lo alto y el hielo perder el equilibrio era de lo más sencillo —Cuando terminen de moverse, deberíamos cambiar de pared para avanzar. Meredith ¿Puedes avanzar así también?— Moverse sobre esas cornisas era la mejor opción aún con el peligro de la altura, pero si había que ayudarla ahora que había perdido sus piernas, también podían hacer algo.
Dados
[Roll]:
• Lanzada de 1d100 : 16
• Suma total: 16
• Suma total: 16
#20
Gran Bretaña / Sombras en el Sistema | Leo y ...
Último mensaje por River Greyback - Hoy a las 12:07 AMNo existía una época en su memoria en donde pudiera recordar que disfrutara del asesinar muggles; desde que se unió a la legión había ido acumulando un pesado historial de almas a cuestas, la mayoría eran seres sin rostro, pero también otros como el viejo Malfoy y aquella Ministra... si bien era cierto que asesinaba sin dudar, lo hacía porque debía y era algo inevitable pero no encontraba placer, como otros mortífagos, en arrebatar una vida por el simple hecho de hacerlo. Su satisfacción estaba en la cacería, en presas que pudieran defenderse y dar pelea, y la gran mayoría de las misiones y de los duelos que había tenido contra los aurors no daban pie a algo como aquello.
No había mérito alguno en vencer o asesinar a alguien que ni siquiera podía defenderse, eran muertes vacías que no se molestaba en recordar. Por eso, si acaso veía algo de su interés, no dudaba en dejar vivo a su enemigo en espera de una revancha digna de su esfuerzo.
Sin embargo, hasta ahora solo encontraba desilusiones. Y, por otra parte, a una loba que daría pelea hasta su último aliento pero a la cuál no podría asesinar...
La vida estaba llena de ironías.
Los ojos del hombre bajo su aferre dirigieron una mirada suplicante hacía donde los pasos de Leo se estaban acercando, para desgracia del sujeto su compañero mortífago no iba a ser su salvador y eso se volvió algo evidente cuando éste comenzó a hablar. Bajó la máscara torció los labios, Leo acababa de mencionar algo obvio sobre su sutileza pero era también un reconocimiento a su forma de ser—. Tan sútil, como todo lobo entre rebaño —esos hombres, como muchos otros antes, no le notaron llegar hasta que ya estaba sobre ellos con garras y dientes listos para atacar y desatar el caos.
Tenía magia y hechizos pero en lo habitual siempre comenzaba sus ataques de manera mucho más física que el resto de los mortífagos.
Apretó los dedos sobre la garganta del científico simplemente enfatizando, nuevamente, con la acción todo lo que Leo acababa de decir; la asfixia debía de ser, por si sola, razón suficiente para que empezara a contar todo cuánto sabían. Por fortuna tenía dos humanos al alcance, solo como repuesto por si se pasaba de fuerza con el primer intento. Ahogándose, el sujeto estiró el brazo apuntando hacía el fondo del pasillo.
—Pu.. pue-... —trató de hablar pero se estaba poniendo algo morado—, enseña-..
Decían que una imagen valía más que mil palabras, así que volvió su atención sobre Leo para saber que opinaba sobre esa posibilidad de contemplar las aberraciones que los muggles inventaban. Fue en ese momento cuando le prestó atención a la figura que éste llevaba consigo, el muggle iba tan silencioso y falto de voluntad que casi era invisible.
Un imperio.
—Un hechizo grandioso, difícil de dominar —le reconocía el mérito al chico bajo la máscara—. Si te tomas el debido tiempo casi puedes ver en el reflejo de sus ojos la lucha interna, el dolor, el enojo y la frustración pero... cuando todo acaba, se refugían en el consuelo de "saber" que han actuado en contra de su voluntad. Por otro lado —con un jalón apartó de la pared al científico que sujetaba para que comenzara a caminar—. ¿A quién más podrías culpar sino a tí mismo cuando has sido tan cobarde como para traicionar a otros solo para salvar el pellejo?
Por supuesto, no era ingenuo, sabía que un imperio siempre era más directo y seguro lo cual hacía del trabajo algo limpio y sin fisuras pero había momentos en donde sí era posible tomarse el tiempo de jugar un poco con esas presas.
No había mérito alguno en vencer o asesinar a alguien que ni siquiera podía defenderse, eran muertes vacías que no se molestaba en recordar. Por eso, si acaso veía algo de su interés, no dudaba en dejar vivo a su enemigo en espera de una revancha digna de su esfuerzo.
Sin embargo, hasta ahora solo encontraba desilusiones. Y, por otra parte, a una loba que daría pelea hasta su último aliento pero a la cuál no podría asesinar...
La vida estaba llena de ironías.
Los ojos del hombre bajo su aferre dirigieron una mirada suplicante hacía donde los pasos de Leo se estaban acercando, para desgracia del sujeto su compañero mortífago no iba a ser su salvador y eso se volvió algo evidente cuando éste comenzó a hablar. Bajó la máscara torció los labios, Leo acababa de mencionar algo obvio sobre su sutileza pero era también un reconocimiento a su forma de ser—. Tan sútil, como todo lobo entre rebaño —esos hombres, como muchos otros antes, no le notaron llegar hasta que ya estaba sobre ellos con garras y dientes listos para atacar y desatar el caos.
Tenía magia y hechizos pero en lo habitual siempre comenzaba sus ataques de manera mucho más física que el resto de los mortífagos.
Apretó los dedos sobre la garganta del científico simplemente enfatizando, nuevamente, con la acción todo lo que Leo acababa de decir; la asfixia debía de ser, por si sola, razón suficiente para que empezara a contar todo cuánto sabían. Por fortuna tenía dos humanos al alcance, solo como repuesto por si se pasaba de fuerza con el primer intento. Ahogándose, el sujeto estiró el brazo apuntando hacía el fondo del pasillo.
—Pu.. pue-... —trató de hablar pero se estaba poniendo algo morado—, enseña-..
Decían que una imagen valía más que mil palabras, así que volvió su atención sobre Leo para saber que opinaba sobre esa posibilidad de contemplar las aberraciones que los muggles inventaban. Fue en ese momento cuando le prestó atención a la figura que éste llevaba consigo, el muggle iba tan silencioso y falto de voluntad que casi era invisible.
Un imperio.
—Un hechizo grandioso, difícil de dominar —le reconocía el mérito al chico bajo la máscara—. Si te tomas el debido tiempo casi puedes ver en el reflejo de sus ojos la lucha interna, el dolor, el enojo y la frustración pero... cuando todo acaba, se refugían en el consuelo de "saber" que han actuado en contra de su voluntad. Por otro lado —con un jalón apartó de la pared al científico que sujetaba para que comenzara a caminar—. ¿A quién más podrías culpar sino a tí mismo cuando has sido tan cobarde como para traicionar a otros solo para salvar el pellejo?
Por supuesto, no era ingenuo, sabía que un imperio siempre era más directo y seguro lo cual hacía del trabajo algo limpio y sin fisuras pero había momentos en donde sí era posible tomarse el tiempo de jugar un poco con esas presas.
Dados
[Roll]: Segundo Turno:
• Lanzada de 1d20 : 12
• Suma total: 12
• Suma total: 12