Baul de Leon S. Winters

Publicado por Leon S. Winters, Feb 12, 2025, 04:26 PM

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Breve descripción. At cum soleat disputationi, quo veri admodum vituperata ad. Ea vix ceteros complectitur, vel cu nihil nullam. Nam placerat oporteat molestiae ei, an putant albucius qui. Oblique menandri ei his, mei te mazim oportere comprehensam.
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El Legado Winters

Capitulo 1


Leon había llegado una tarde lluviosa de marzo a los limites del terreno que comprendía el "Santuario Winters para preservación y resguardo de criaturas mágicas", aquel lugar que había conocido como "hogar" durante toda su vida.

Leon descendió de su escoba apenas llegar pues quería recorrer el resto del sendero a pie. Apenas sus pies tocaron el fango, una sensación nostálgica le envolvió. Si bien había visitado regularmente a sus padres aun estando en la ciudad, en esa ocasión su visita se sentía diferente. No estaba seguro de cuanto tiempo tendría que quedarse, pues la condición de su padre parecía empeorar en vez de mejorar y, aunque su madre era una mujer ruda que sabía perfectamente hacerse cargo de todo el santuario por ella misma, el tiempo era algo que no perdonaba a aquellos que no tenían la bendición (o maldición) de la inmortalidad.

Rosemary Winters debía rondar los 56 años y pese a eso, se veía no mayor a 40. Cuidar del santuario junto con su esposo era sin duda una ardua labor, por lo que al hacerlo, al mismo tiempo, se mantenía en forma debido a la carga de trabajo que eso implicaba. Es por eso que, pese a su complexión pequeña de estatura, rozando el metro con sesenta centimetros, Rosemary era bastante fuerte físicamente lo cual, aunado a un temperamento bastante fuerte, le hacía ser temida y respetada por su marido, sus hijos y el resto de las criaturas del santuario por igual.

Sin embargo, la mujer que Leon observó cuando por fin recorrió el sendero que llevaba a la vieja casona de los Winters estaba lejos de ser la mujer fuerte e independiente que Leon recordaba en sus memorias. Se veía más pequeña, incluso fragil. Sus ojos tenían ojeras que marcaban horas de trabajo sin descanso y la melancolía en sus pupilas era facilmente discernible aun sin sentidos agudizados.

-Madre. He vuelto a casa. -Anunció el vampiro, dispuesto a cumplir con su deber, sin importar nada.
335 Palabras Ultima modificación: May 07, 2025, 12:00 AM por Leon S. Winters #1
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El Legado Winters

Capitulo 1


—Bienvenido a casa, Leon —dijo con voz suave.

Rosemary Winters esperaba en el umbral de la entrada como si su intuición de madre le hubiese avisado que su hijo mayor estaba cerca. Su rostro mostraba el paso del tiempo y el peso de las preocupaciones. Sus ojos, usualmente brillantes, estaban opacados por noches sin dormir. Aun así, sonrió y lo envolvió en un abrazo cálido, fuerte, como si intentara detener el mundo solo con sus brazos.

—Hola, mamá. —susurró Leon, rodeándola con cuidado, permitiendose por unos instantes perderse en el cálido abrazo de la mujer que lo había cuidado y protegido toda su vida. Nunca olvidaría un abrazo de su madre, ni su aroma dulzón parecido al regaliz que le resultaba tan caracteristico de ella.

Rosemary permaneció abrazada de Leon como si temiese que al dejarlo ir este desapareciera en el aire. Leon, consciente de que el estado de su padre la tenía asi de afectada, tomo sus brazos con las manos sujetando sus codos para evitar que temblasen.

-Esta bien, mamá. Ya estoy aquí.

Rosemary desvió la mirada, intentando hacer como que no pasaba nada y cambiar el hilo de la conversación con charla casual.

—Me alegro de eso, hijo. - Contestó. -Debes estar cansado, pasa, sientate en el sofá. ¿Cómo va todo en el Ministerio?

—Gracias. —Respondió Leon, acompañando a su madre por el umbral de la puerta hasta un pequeño recibidor donde había un amplio sofá en el que su padre solía sentarse. Luego continuó. — Como siempre, el mundo es un caos pero me motiva pensar que hago la diferencia. -Luego, como si estuviese retrasando el soltar esas palabras, preguntó. -¿Cómo está papá?

Rosemary dudó. Esa fracción de segundo fue suficiente para que Leon comprendiese la gravedad de la situación.

—Peor. Ya no se levanta. Ni siquiera responde a los encantamientos de estabilización. He llamado a San Mungo, pero no tienen idea de qué es lo que tiene.

Leon asintió, y el peso de la responsabilidad se le posó en los hombros como una túnica mojada. No obstante, antes de que pudiese decir otra cosa, un estallido de risas infantiles lo sacó de su ensimismamiento. Desde el umbral de la puerta de la cocina, varios pares de ojos lo observaban con una mezcla de admiración y ansiedad. Sus hermanos menores, todos alborotados y desordenados como siempre, corrían hacia él.

—¡Leon! —gritó Claire, una de sus hermanas menores, abrazándolo fuertemente—. ¿Nos trajiste algo del Ministerio?

—Me temo que mi visita ha sido muy improvisada, Claire. No he tenido tiempo de pasar por ningún obsequio en esta ocasión. Aunque se lo mucho que te gustan las historias del ministerio. Y creeme que tengo muchas para contarte.

Claire no pudo ocultar su decepción al no recibir regalos de su hermano, pero la expectativa de escuchar las aventuras de Leon parecía serle suficiente de momento. Aunado a eso, otra pequeña voz interrumpió el momento entre los hermanos. Se trataba de Barry, el más pequeño de todos, observando la escena de reojo, oculto aun detrás de la puerta de la cocina.

—¿Historias de vampiros buenos como tú? —preguntó Barry.

Leon le hizo un gesto para que se acercase a lo que el chico accedió tímidamente saliendo de su escondite antes de emprender la carrera hacia el vampiro. Leon sonrió y abrazó al pequeño cargandolo en brazos, mientras despeinaba su cabeza.

—No hay vampiros buenos o malos, Claire. Solo decisiones buenas o malas.
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El Legado Winters

Capitulo 1


El tierno momento con sus hermanos se vio interrumpido por una tos seca y sarcástica. De una de las habitaciones contiguas había emergido una chica de unos veintitantos años, cabello oscuro y mirada penetrante. Alice, la mayor de los hijos biológicos del matrimonio Winters, se recargaba contra el marco de la puerta con los brazos cruzados y una ceja arqueada.

—Mira nada más quién regresó. El hijo pródigo. -Dijo Alice, arrastrando sus palabras. -¿Vienes a salvarnos a todos, Leon?

Leon suspiró. La relación con Alice siempre había sido complicada. Pese a saber desde muy joven que había sido adoptado, Leon siempre se consideró a si mismo como uno más de los niños Winters. Nunca esperó recibir un trato distinto y sin duda sus padres nunca se lo dieron. No obstante, aun desde pequeños siempre había existido esa extraña animosidad de ella para con él. Lo que había comenzado como un juego, una competencia entre niños, con el tiempo creció y se convirtió en una rivalidad de verdad. Aun cuando Leon sabía que Alice en el fondo si lo quería y se preocupaba por él, su relación siempre pareció afectada por un muro infranqueable.

—Vine a ayudar. —Respondió Leon con calma.- Papá y mamá me necesitan, Alice. Y haré lo que esté en mis manos para ayudarles.

Alice bufó.

—¿Y el Ministerio? -Preguntó mientras avanzaba hacia Leon agitando sus brazos.- ¿Que hay de tus grandes casos? ¿Tu sueño de justicia?

Leon la miró fijamente, endureciendo su expresion. Sus padres siempre habían querido lo mejor para él y lo habían apoyado, aun cuando sus sueños de convertirse en un heroe que luchara por la justicia eran completamente idealistas y descabellados, en ningun momento se atrevieron a criticar sus decisiones.

—Siguen ahí. Pero la familia va primero. -Contestó, con una determinación reforjada.

Aquello desató un concurso de miradas entre ambos hermanos hasta que Rosemary intervino.

-¡Suficiente, ustedes dos! -Dijo con voz de trueno, que para nada reflejaba lo demacrada que se encontraba. Aquello había sido suficiente para recordarles a los hermanos el tipo de mujer que era su madre.

Alice bajó la mirada por un segundo y luego se marchó por la misma puerta por la que había entrado sin decir otra palabra.

Leon por su parte se dejó caer pesadamente en el sofá, mirando a sus hermanos, quienes parecían decepcionados de que sus hermanos mayores no hubiesen comenzado un asombroso duelo de varitas, para luego mirar a su madre con una mezcla de verguenza y resignación.

-Lo lamento.
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El Legado Winters

Capitulo 1


Tras el pequeño altercado en el recibidor, Rosemary, los niños y Leon se encaminaron al interior del santuario Winters. Aquel edificio había sido una vieja casona o hacienda que los Winters habían remodelado y adaptado con magia para adecuarse a las necesidades de diferentes tipos de criaturas mágicas las cuales cuidaban con mucho cariño y esmero.

El exterior de la propiedad era un terreno inmenso con varios ecosistemas creados artificialmente con magia en los cuales habitaban todo tipo de criaturas. El edificio en si mismo no era demasiado grande en el exterior; sin embargo, varios encantamientos agrandadores se habían conjurado para convertir la pequeña casa en toda una fortaleza que se extendía de manera subterranea por varias centenas de metros cuadrados.

En su interior, el santuario Winters era cálido, lleno tanto de vida, como de caos. Un par de escarabatos corrian alegremente sobre los muebles. Un mooncalf asomaba la cabeza desde detrás de un sofá, y un fwooper chillaba desde una jaula encantada en la esquina.

-Desempaca. La cená está casi lista. -Indicó Rosemary, antes de conducir a Leon a la que en algún momento había sido su habitación.

Desde que había dejado su hogar para vivir en Londres y formar parte del cuerpo de los aurores, sus padres no habían movido ni una sola cosa de su cuarto. "Queremos que cuando regreses encuentres todo tal como estaba", decían. Y hasta el momento lo habían cumplido. Todo era igual a la última vez que había visitado a sus padres, pero al mismo tiempo, todo había cambiado.

Esa noche, mientras la familia cenaba en el gran comedor, Leon se sentó al lado de su madre. Los platos se servían solos con ayuda de algo de magia; sin embargo, nadie parecía tener mucho apetito. Aunque tampoco era muy dificil el adivinar el por qué. El lugar de Sebastian Winters permanecía vacío, con una vela encendida a modo de vigilia.

—Mañana empezaré a revisar los registros de las criaturas. -Anunció Leon—. Tal vez papá se contagió de algo raro. Algo que no supieron diagnosticar.

—Lo hemos intentado. —respondió Rosemary, su voz temblaba un poco a causa de la impotencia y la resignación. — Fue tan... repentino. No hay nada que hubiese hecho diferente, había sido un día normal como cualquier otro... Pero quizá tu...puedas notar algo que nosotros no.


Leon asintió. Ser vampiro tenía sus ventajas más alla de la inmortalidad. Y aunque el mundo mágico aún veía su condición con desconfianza, él siempre había intentado usarla para hacer el bien.

—Lo encontraré, mamá. Lo prometo.

Rosemary apretó su mano con fuerza. Por primera vez, Leon vio lágrimas en sus ojos.

—Gracias, hijo.

Y en ese momento, por primera vez en mucho tiempo, supo que estaba exactamente donde debía estar.
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El Legado Winters

Capitulo 1


A la mañana siguiente, Leon se encontró con Alice en la antigua biblioteca del ala este. Ambos hermanos solían tener sus diferencias, especialmente luego de que Leon se había separado de la familia para perseguir sus sueños de ser Auror. No obstante, la situación en la que se encontraban como familia no estaba como para perder tiempo con rivalidades tontas y comentarios pasivo-agresivos. Pese a sus diferencias, ambos sabían trabajar juntos cuando la familia lo requería.

Juntos, los hermanos comenzaron a sacar libro tras libro del inmenso acervo que su padre tenía en la residencia Winters. Los grandes volúmenes sobre dragones tibetanos, bowtruckles y jarveys estaban esparcidos por la mesa. Si bien todo aquello habría sido sumamente interesante en otro momento, nada de esa información parecía ayudarles a resolver el misterio de lo que había sucedido con su padre. Aun así, debían seguir buscando y Leon continuaba tratando de buscar más tomos, mientras que Alice hojeaba los que ya tenía abiertos con una rapidez casi agresiva.

—Nunca entendí por qué papá no clasificaba esto con un encantamiento organizador. -Refunfuñó.

—Papá confiaba más en su memoria que en la magia. —Comentó Leon, sonriendo con cierta nostalgia. Más de una vez había atestiguado a su padre ser reñido por su madre a causa de su desorden, mientras que él aseguraba que "Todo esta organizado aquí" mientras apuntaba a su sien con su dedo. -Decía que el desorden le ayudaba a pensar.

Alice bufó.

—Claro, porque tener un billywig suelto entre los archivos es muy estimulante.

Leon rió un poco. Era la primera vez que lo había hecho desde que había vuelto a casa y eso, por algún motivo, le sentó bien a Alice, aligerando un poco el ambiente tenso entre ambos.
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El Legado Winters

Capitulo 1


Leon y Alice pasaron varios minutos en silencio mientras continuaban su búsqueda de algo que les pudiese dar algún indicio o pista sobre el mal que aquejaba a su padre, Sebastian Winters. Ambos eran los mayores de sus hermanos y también quienes mejor conocían a su padre, por lo que habían pensado que juntos podrían encontrar algo, aunque hasta el momento no habían tenido suerte y los minutos se hacían más y más largos y aburridos.

Entonces, cuando ya no podía soportarlo más, Alice rompió la quietud mientras Leon hojeaba un diario de campo con anotaciones de su padre.

—¿Y Hilda? ¿La sigues viendo en el Ministerio?

Leon tragó saliva. La sola mención del nombre de Hilda siempre provocaba una mezcla de alegría y melancolía en su pecho.

—Sí. -Respondió sin mucho ánimo de seguir la conversación; sin embargo podía sentir la mirada penetrante de Alice sobre él. Sabía que no cesaría hasta que hablase, así que cedió. -Nos asignaron juntos un par de veces. Está tan brillante como siempre. Más decidida que nunca.

Alice volvió a clavar la mirada en el documento que tenía en sus manos, fingiendo desinterés. Sin embargo, al cabo de unos instantes volvió a preguntar.

—¿Todavía la miras como si te hubieran dado de su amortentia?

Leon soltó una risa corta.

—No soy tan obvio. – Replicó.

—Lo eres. —Respondió Alice, girando la página sin mirarlo—. Pero también eres terco. Hilda es tu amiga, Leon. Se que la quieres mucho. Papá y mamá la adoran. Pero ella no va a corresponderte. No de esa forma.

Leon bajó la mirada. Sus dedos rozaron una vieja mancha de tinta en el diario de su padre. Cuántas veces había imaginado un futuro con Hilda. Pero los sueños no siempre se alinean con la realidad. Esto era diferente que su sueño de ser auror, ya que conseguirlo no dependía de él sino de que Hilda quisiese lo mismo.

—Lo sé. —admitió finalmente—. Pero una parte de mí... no quiere soltar la esperanza todavía.

Alice lo miró nuevamente. Su expresión era más suave, menos sarcástica.

—Eres un optimista incorregible. -Dijo frunciendo el ceño, pero su expresión posteriormente se relajó en una sonrisa cálida. -Pero creo que esa es una de tus mejores cualidades, Leon.  No dejes que eso cambie lo dulce que eres.

Leon sonrió. Era raro recibir un cumplido así de su hermana, pero lo tomó y lo atesoró en su corazón.

—¿Y tú? ¿Alguien en tu vida? Nunca hablaste mucho de eso en Hogwarts.

Alice se encogió de hombros.

—Tuve a alguien. Breve. Antes de que todo esto se viniera abajo. Me di cuenta de que amar es complicado cuando estás demasiado ocupada cuidando a los demás para cuidarte a ti misma.

Leon dudó por un momento. ¿Su hermana estaba... siendo vulnerable con él? Quizás papá no era el único enfermo en la casa.

—Eso suena dolorosamente familiar. -Contestó por fin y ambos rieron con suavidad, el silencio incómodo entre ellos se hacía más y más pequeño.
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Capitulo 1


Las fricciones entre ambos hermanos habían comenzado a disiparse un poco luego de aquella breve charla casual. Ambos habían acabado riendo un poco y de pronto la atmosfera se sentía diferente. Aun con sus diferencias Leon sabía que podía contar con Alice en cualquier momento que lo necesitase y sabía que su hermana pensaba lo mismo con respecto de él, o al menos esperaba que ella lo hiciese.

La búsqueda por indicios de lo que había acontecido con su padre continuaba frustrantemente lenta. Si bien habían podido dar con un par de anotaciones, en cada ocasión terminaban por darse de frente con un callejón sin salida. La desesperación comenzaba a afectarle a ambos a medida que devoraban tomo tras tomo del acervo personal de su padre. Leon abrió otro tomo, este sobre criaturas que drenaban energía mágica. Un dibujo de un lethifold le hizo fruncir el ceño. Su mente, como siempre, trabajaba entre recuerdos y preocupaciones presentes, algo que no pasó desapercibido para su hermana quien rompió su meditación taciturna con un comentario de los que solo Alice podía hacer.

—Chris solía odiar este libro —murmuró Alice.

Leon levantó la vista, sorprendido, con una mezcla de nostalgia y dolor.

—¿Chris? ¿Has sabido algo de él?

Alice negó con la cabeza.

—No hay mucho que decir sobre él. Desde que se fue, casi no escribe. Mamá a veces le manda cartas, pero dudo que las abra.

Leon sintió un vacío en la boca del estómago. Chris, Alice y él mismo habían sido muy unidos cuando eran chicos. Aun en Hogwarts, a pesar de que todos ellos habían terminado en casas diferentes, siendo Alice una Ravenclaw y Chris un Gryffindor, sus lazos familiares se habían mantenido estrechos y fuertes con el pasar de los años. No fue sino hasta luego de su graduación que las cosas habían cambiado y no para mejorar, sino para peor.
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El Legado Winters

Capitulo 1


Leon no pudo evitar recordar como, luego de haberse decidido a aplicar para realizar sus E.X.T.A.S.I.S. en materias que lo perfilarían para convertirse en un auror en vez de perseguir el legado familiar de la magizoologia, las cosas en casa se habían puesto cada vez más tensas. Sabía que sus padres respetaban su decisión, aunque podía notar que su padre lo había resentido un poco. En ocasiones como esas su don vamírico de percibir el aura de los demás le había resultado más una maldición que un don.

Aun cuando Leon sabía que su padre le amaba y que apoyaba sus sueños, no le quedaba ninguna duda de que aspiraba que alguno de sus hijos tomase su manto cuando llegara el momento de retirarse; sin embargo, luego de su experiencia con Leon, su padre había optado por no cargar a sus hijos con el peso de sus expectativas. Si habían de heredar el santuario familiar debía ser por su propia voluntad. No obstante, Chris se había mostrado muy interesado en aprender el oficio de su padre y Sebastian los había tomado tanto a él como a Alice como sus pupilos personales. Su padre los trataba a ambos por igual, pero la mayoría de las personas pensaba que Chris era la opción predilecta para heredar el santuario familiar.

—Papá pensaba que él se quedaría con el santuario, ¿no? -Preguntó Leon, aunque conocía bien la respuesta.

Alice asintió.

—Sí. Después de que tú te fuiste, se aferró a Chris como a un clavo ardiente. Pero cuando Chris se largó a trabajar con las viboras venenosas... digo, "auditor mágico financiero", como se llama ahora, papá se apagó un poco. Supongo que se sintió traicionado.

—No creo que papá pensara que Chris lo traicionó. -Argumentó Leon, pero más que tener evidencias solidas de su afirmación, tenía la esperanza de que lo que Alice había dicho no fuese cierto. Si lo era, de algún modo Leon también lo habría "traicionado" y su culpa de incrementaría exponencialmente. -Pero, aunque Chris no estuviese aquí, tu te has hecho cargo hasta ahora ¿no es así?

Alice fingió una sonrisa.

—Me convertí en el plan C. "La que queda". No es el mejor título.

Leon frunció el ceño. Podía tolerar la irreverencia de su hermana y lo rapidas y mordaces que eran las palabras de su hermana, pero cuando estas cuestionaban el carácter de su padre, Leon tenía que pintar una raya.

—Alice, papá siempre te admiró. Más que a nadie. Nunca pensó en ti como una opción por descarte.

—Lo dices porque eres bueno. Idealista. -Contestó Alice. En su voz había un matiz de una melancolía profunda, casi tan palpable y densa como la brea. -Pero yo estuve ahí. Vi cómo brillaban sus ojos cuando hablaba de ti. O de Chris. Yo solo... mantuve las cosas funcionando.

Fue en ese instante que Leon pudo comprender el verdadero resentimiento de su hermana hacia él. Aunque dentro de sí Leon sabía que sus padres no jugaban a los favoritos, bien podía comprender el por qué de que Alice se sintiese de esa manera, asi que sin pensarlo dos veces, la abrazó. Algo que tomó por sorpresa a la chica quien no pudo hacer nada sino permanecer en un silencio sepucral mientras Leon continuaba.

—Sin ti, esto se habría derrumbado hace años. Te juro que papá lo sabe. Tu siempre has sido la más inteligente de la familia. A veces demasiado para tu propio bien. Pero a pesar de que con tu potencial podrías estar haciendo parte del ministerio o descubriendo hechizos o pociones nuevas tu siempre has estado cuidando de todos nosotros y ese es el espiritu de los magizoologos Winters. Cuidar a aquellos que no pueden cuidarse a si mismos.

Ella asintió, casi imperceptiblemente, aun siendo abrazada por un abrazo tan estrecho que sintió que el vampiro la iba a partir en dos. No obstante, fue en ese momento en el que pudo vislumbrar algo de reojo.

—Mira esto. —dijo de pronto, con voz baja.

Leon se acercó. En una página amarillenta, su padre había registrado el comportamiento inusual de un grupo de chizpurfles que mostraban afinidad por energía vital en lugar de mágica. Había anotaciones detalladas sobre una subespecie rara, posiblemente mutada por exposición a una criatura de origen desconocido.

—Esto no lo había visto antes. —Murmuró Leon.

—Yo tampoco. Y si algo que absorbe energía vital se infiltró en el santuario...

—Podría explicar la enfermedad de papá.

Ambos se miraron con renovada urgencia.

—Tenemos que investigar esto. Hoy mismo. —Dijo Alice, antes de echarse a correr en dirección al único lugar donde su padre podría haber guardado algo tan peligroso: el sótano.

Leon la siguió, el corazón latiéndole con fuerza. Por primera vez en días, sentía que la niebla comenzaba a disiparse.
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El Legado Winters

Capitulo 2: Recuerdos y Secretos


El sótano de la Casona Winters no era un lugar que se visitara a la ligera. De hecho no solía visitarse en lo absoluto. Solo sus padres eran quienes se hacían cargo de mantener funcionando todo aquel lugar, de manera casi religiosa.  Sellado por múltiples encantamientos y protegido con un sin fin de cerrojos y candados mágicos, el sótano solo podía ser abierto por sangre de la familia.

Leon se paró por unos instantes ante la gruesa puerta de madera que separaba a Leon y a Alice de aquello que habían estado buscando y suspiró. Luego, se mordió un poco el dedo pulgar derecho, hasta hacerlo sangrar. Tras eso se acercó hasta la puerta y murmuró un hechizo al tiempo que dejaba una mancha de su sangre sobre el picaporte.

Un brillo rojo recorrió la cerradura y el portón se abrió con un crujido lento y profundo. Un aliento frío y espeso emergió desde las profundidades, como si el sótano respirara después de años dormido.

—¿Papá no venía aquí desde hace meses, verdad? - Preguntó Leon. Su varita se encontraba en su mano y sujeta fuertemente por si algo desconocido les hacía ffrente.

—No desde que se enfermó. Mamá prohibió bajar, por seguridad. —Respondió Alice, a su lado, también con su varita en alto.

Ambos hermanos bajaron los peldaños con cuidado, aunque por cada escalón que descendían el aire se volvía más y más denso, cargado de magia residual y olores penetrantes: cuero curtido, alquimia envejecida, y algo más... una dulzura amarga que Leon reconoció al instante.

—Sangre. Antigua, pero reciente. Hay algo aquí abajo que se alimentó

—Espero que no seas tú -Replicó Alice


Leon simplemente se limitó a reir por el comentario y  ambos hermanos avanzaron por pasillos angostos entre estanterías cubiertas de polvo. Frascos con sustancias imposibles, jaulas con runas brillando tenuemente, y pergaminos enrollados en vitrinas. Al fondo, tras una cortina encantada que se deshizo con un toque de varita, encontraron el archivo sellado de Sebastian Winters.

—Los registros más antiguos están aquí —murmuró Alice, desenrollando uno.

Leon se concentró en una pila de diarios encuadernados en cuero. Reconocía la caligrafía de su padre: elegante, ordenada, obsesivamente detallada. Pasó los dedos por las fechas hasta que algo le llamó la atención.

—Aquí.—Dijo, abriendo un tomo marcado con el símbolo egipcio de Maat, la diosa de la verdad—. Esto es de nuestro viaje a El Cairo.
407 Palabras #9
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