[FIC] Una tarde para ver y ser las estrellas

Publicado por Elián Idriswenjellu, Ene 25, 2026, 04:48 PM

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Elián Idriswenjellu Aprendiz DRCM/Premio Anual
¿Jada? —Elián casi pierde el aliento que tenía cargado en los pulmones, pero parpadeó una vez, dos veces, y seguía ahí. Primero imaginó que el timbre fue una ilusión, pero al repetirse abrió la puerta y ahí se quedó, sin creerlo—. ¿Jada Noaf? 
Holaaaaa —Noaf Idriswenjellu caminó por las baldosas de la entrada principal de la cabaña de Khanthus y extendió ambos brazos hacia Elián, quien no dudó en salir disparado de la entrada a ayudarle a caminar, se ve radiante aunque no puede ver bien sus expresiones faciales por la batula que está usando sobre su rostro—. ¿Cómo estás, mi niño?
Elián no supo responder, le ayudó a atravesar la puerta principal y a guiarla dentro de la casa hacia el salón. No puede creerlo, su abuela está en la misma habitación que él y están solos, solos, el silencio del interior de la cabaña que es en un principio tranquilizador se volvió además revelador, nunca ha estado solo con otros miembros de su familia además de Khanthus, nunca, siempre están reunidos por una causa mayor que las necesidades emocionales de un joven de apenas 18 años. Noaf no hizo amago de intentar formalidades, sean saludos, buenos deseos, no directamente depositó sus cosas en la mesa de centro y se recargó en el sillón, respirando con alivio.
No hay té, voy  a prepararte un poco.
No quiero pedírtelo, pero te lo agradezco mucho. Negro, por favor.
¿Estás buscando a khaly Khanthus? —minutos después ya estaban sentados con la bandeja de té entre ellos. Khanthus no come, por lo que Elián tuvo que invocar galletas pero fue una excusa para él mismo porque su abuela ni siquiera las miró cuando olisqueó el té y se levantó la batula para darle un sorbo mientras que Elián no quería tener nada en la boca, si tiene algo en la boca no puede hablar, pero el poder hablar es porque lo tiene permitido ahora—. ¿Jada?
¿Hmm...? Oh, no, no vengo a buscar a tu tío, Elián. —Noaf depositó la taza en su lugar y se enderezó—. He hablado con él ¿lo sabes? Durante mucho tiempo intercambiamos cartas de vez en cuando, pero no pensé que llegaría a volver a mi vida así, contigo, viviendo en su casa. Me llena de felicidad porque pude visitarte.
Noaf se removió un poco en su asiento, pero no fue por incomodidad, fue porque extendió la mano para apretar brevemente la rodilla de Elián, quien no hizo amago de apartarse porque no se siente intimidado, solo que aun procesa el momento y claro, las palabras de su abuela le hacen sentido.
Llevaba un tiempo sospechándolo... —pero la retroalimentación de Elián fue más un susurro para sí mismo porque no se ha sentido con el permiso de replicar, está haciendo lo posible por escuchar y por eso cuando Noaf pareció detenerse un momento por sí él iba a decir algo solo negó con la cabeza—. También me gusta que estés aquí.
Es mi hermano mayor, cuando yo nací él debía tener como... 7, 8 años, fue en el 88 ¿Te lo he contado? —Elián volvió a negar con la cabeza—. ¿Nunca te he contado eso? ¿Seguro?
Lualida nunca ha querido contarme nada del ayilat porque me decía que no tengo por qué saberlo si aun no tenía la edad para entenderlo y cuando estoy contigo estás con mis tías y siempre hablan y solo las escucho. El único que me ha contado sobre nuestra familia ha sido mi khaly Khanthus, pero tampoco me ha dicho mucho, no lo he visto últimamente, pero parece que está en todas partes.
¿Cómo que en todas partes? —Noaf volvió a extenderse tomar la taza, levantarse la batula y beber del té, aunque gruñó un poco—, Khanthus necesita una vajilla más adecuada para beber té, las asas son muy molestas...
Cuando despierto, no está, pero siempre hay comida, puedo estar fuera todo el día y aun así... creo que se preocupa porque esté bien cuando vuelvo. Cuando duermo no está, pero la casa amanece siempre con mensajes en la cocina o en el comedor. Hoy me dejó uno en el que me decía que... no olvide cepillarme los dientes. —Noaf esbozó una mueca y extendió una de sus manos cuidadosamente decoradas con henna hacia Elián, quien dudó un momento pero luego aceptó su mano con cuidado—.  Y otra decía que siempre esté presentable... ¿Lo dejó por ti? ¿Sabía que ibas a venir hoy?
Noaf asintió y se rió un poquito, aun debajo de su batula se pudo ver su sonrisa radiante, casi como si estuviera rejuveneciendo.
Claro, pero hoy no vine a contarte sobre el ayilat, tampoco a hablar sobre tu khaly. Vine porque quiero preguntarte algo. —el ceño fruncido de Elián significa que sí captó la idea y entonces Noaf continuó—. ¿Me acompañarías hoy a hacer unos pendientes?



¿Es aquí? —Elián y Noaf bajaron del taxi delante en Brompton Road, delante de una tienda departamental de la que no vio bien el nombre porque los anuncios holográficos se llevan mucha atención, además, Elián estaba haciendo de recargadera para que su abuela pueda apearse correctamente y acercarse a la entrada, pero no estaba seguro de que fuera en serio a dónde iban, después de todo lo que ha sucedido, la lucha con nigromantes, el ejercito intentando arrestarlos, San Mungo y que el velo de la magia se cayó ¿Podían pasear simplemente así para cumplir encargos? ¿Qué tendría que hacer su abuela aquí?—. Espera, un pie a la vez.
Sí, es aquí ¿Dónde está la entrada? —Elián dejó que Noaf le rodee el brazo con el propio para sostenerse mientras caminan, pasito a pasito. No puede evitar pensar que habrá quienes los miren y los juzguen no solo porque puedan parecer magos... Pero no importa, decidió conservar la calma, sigue sin estar seguro pero acepta guiando a su abuela hasta una doble puerta que al abrirse le impregnó de un perfume genérico que a pesar de ser algo dulce y ácido no le molestó—. Ya cumpliste 18 años ¿no?
—contestó Elián un poco distraído, el interior de la tienda parece un palacio clásico, columnas, techos altos en arcos, luces anaranjadas caídas en candelabros y farolas, de inmediato y delante de ellos hay estantes de varias marcas de perfumes y más allá podría jurar que le llegó un aroma a chocolate, Elián fue negándose a las pruebas mientras su abuela le indicaba por dónde ir—. En septiembre.
¿Hiciste algo para celebrarlo? Ya eres mayor de edad, que emocionante ¿Cómo te sientes? —Noaf acercó la mano libre para presionar la de Elián con un gesto cariñoso.
No me siento diferente... Nunca he hecho una fiesta, no se me había ocurrido ¿Cómo sería una fiesta? —Elián intenta alejar los pensamientos del Loch Neathach, quemar su cuaderno, despedir a Qamar y pasar otro año solo, como ha sido desde hace tiempo que la ultima vez que vio un pastel con su nombre fue a los 14.
De haberlo hecho, me habrías invitado ¿no? —llegaron hasta las escaleras, donde el aroma a chocolate aumentó pero Noaf no pareció notarlo.
No...
¿Nooo? ¿No me habrías invitado a tu cumpleaños?
No, no, jada, quiero decir que no se me había ocurrido hacer algo para celebrarlo ¿Qué sentido tendría? —Elián ayudó a su abuela a subir a las escaleras y esperaron mientras se dirigían al siguiente piso—. ¿Estás buscando algo en especial?
Mira, lo que sucede es que tienes razón en algo. —caminaron por el siguiente piso solo para girar y volver a tomar las escaleras—. Nunca celebras tu cumpleaños, y yo lo respeto, no se te antoja celebrarlo porque siempre eres tan serio y callado —Elián podría haber dicho algo pero solo presionó un poco la mandíbula—, pero eso ha provocado que yo no esté en un momento tan importante como es que te hayas convertido en hombre.
Abuela...
Oh, shoosh —Elián se calló mientras suben las escaleras al siguiente piso, pero hizo todo el esfuerzo de no desviar la mirada—. Ya eres mayor de edad, y aun si no lo fueras yo sé que ya estás volviendote un hombre. Estás conmigo aquí, acompañándome porque te lo pedí. Quiero comprar algunas cosas y he pensado que ya que estamos aquí ¿Por qué no hacemos algo por tu cumpleaños y pasamos el día juntos buscando algo que nos haga vernos bien?
Elián no habría pensado que su abuela es sumamente persuasiva de no ser porque prácticamente aceptó acompañarla hasta el otro lado de Londres sin siquiera tener idea de qué pudiera necesitar, solos, los dos, por una excusa como que le acompañe a hacer sus pendientes. Es persuasiva y además él nunca ha querido ser grosero con ella aunque no pasaran tanto tiempo juntos ni en fechas importantes como ella se lo recordó. Nunca ha sido un nieto atento porque siempre bajo la misma mirada juiciosa ha limitado sus movimientos bajo chantajes. Pero tiene sentido que le pregunte como se siente ser un adulto porque significa que ya puede decidir a quién ver y como.
¿Algo por mi cumpleaños? —Elián se quedó callado mientras su abuela le pedía subir al siguiente piso—. No, no es necesario, vinimos por ti, estoy aquí por ti.
Y yo estoy aquí por ti, mi niño. —Noaf volvió a extender la otra mano para tomarle la mano del brazo que está usando para sostenerse—. Ándale, yo invito, y después vamos a comer.
Los pendientes de su abuela Noaf nunca fueron cosas personales, fue él. Su abuela y Khanthus debieron ponerse de acuerdo para que ella los visite en una fecha en la que Khanthus estuviera seguro de que Elián estuviera en casa, con una excusa de Noaf para ausentarse de la residencia Idriswenjellu en Esaura, viajar hasta aquí y tener todo el día para estar juntos. Debió usar un traslador o la Red Flu desde Marruecos y todo con la esperanza de que acepte... Si quisiera celebrar un cumpleaños como debería ser, Elián no se estaría quejando de no tener cerca a su familia pero se habría movido y habría removido cielo, mar y tierra para hacerlo posible. 4 años sin hacer absolutamente nada y en cualquier momento esto no volverá a pasar. Siendo sincero consigo mismo, cuando Elián entendió que su abuela hizo todo esto para tener esta oportunidad él no podría haberse sentido más conmovido. Inclinándose con cuidado para darle un beso en la frente y evitar tocar la batula le aceptó el gesto, aunque después lo difícil fue que él era incapaz de decir qué es lo que le quedase  bien.
Saliendo del probador llevaba un conjunto al que no estaba acostumbrado, su vida siempre fue abnegada, simple, uniforme, ropa de descanso, uniforme, ropa de descanso ¿Por qué tiene que probarse camisas de algodón hechas en bordado de dos tonos complementarios? ¿Qué le serviría una gabardina negra con adorno en el cuello para resaltar los pómulos? ¿Es practico llevar algo en la cabeza cuando ni siquiera hace calor? ¿Las sobrecamisas se inventaron como un punto medio entre el saco y la camisa? ¿Cuál es la función esencial de la joyería...? Elián salió del probador con el conjunto y se acercó a un área de descanso justo enfrente dónde estaba su abuela, quien aplaudió después de un gesto de sorpresa.
Te ves muy guapo ¿Te gusta? Te queda muy bien el rojo. A ver, da la vuelta —Elián dio un giro sobre su eje con cierta vergüenza, por lo que lo hizo rápido y le sacó un gesto a Noaf—. No, otra vez, más lento.
Así está bien —el tono cohibido de Elián hizo que su abuela se riera un poco—. No lo sé, es un poco ceñido.
Pero te ves muy bien. Recuerda, esto es porque ya eres...
Un hombre
Un hombre, y ahora que vas a empezar a ir más seguido al Ministerio tienen que verte caminar y decir "Wow, que bien se ve el licenciado Idriswenjellu".
Elián se aguantó la pequeña risa aunque eso no apagó su vergüenza, pues se seguía mirando el cuerpo, con más atención de la que normalmente presta.
No soy licenciado, jada. Cuando me gradúe todavía pasara un tiempo para convertirme en profesionista.
¿A qué dijiste que querías dedicarte? —Elián contestó primero con la voz un poco baja, lo que hizo que Noaf se extienda hacia adelante—. ¿Cómo dijiste? Más alto, no te oigo.
Magizoologo, quiero ser magizoologo.
Noaf se recargó de nuevo en su asiento.
Wow, oye, es una buena carrera. Pues entonces, piensa que con lo bien que te verás al ir al Ministerio será "Wow, que bien se ve el magizoologo Idriswenjellu".
Elián volvió al probador para cambiarse e intentar el siguiente conjunto, pero lo rechazó porque se dio cuenta de que parece ser cuero natural y el aroma fue demasiado penetrante. Otro conjunto tenía partes de metal para la cadera, por lo que al salir del probador uno de los trabajadores del departamento le ayudó a ajustar la prenda y la pieza de metal.
¿Así está bien? —Elián no podía voltear a ver a su abuela porque está delante de un triple espejo mientras el empleado de la tienda toma medidas de hombros, espalda y piernas, apenas se mueve le piden quedarse quieto—. ¿Jada?
Mire, el largo de la pierna le queda sobre el tobillo, habría que cortarlo —escuchó a su abuela decir. Elián intentó girar la cabeza y la vio hablando con el empleado—. Sí, que le que al ras para que no se maltrate. Y creo que también de la cadera hay que cortar.
¿También está buscando un conjunto casual? Tenemos conjuntos con gabardinas, sacos, algo más otoñal o para primavera, incluso si les interesa lo alternativo tenemos adornos faciales.
No —Elián querría decir algo, pero gruñó y aceptó, fue la primera vez que Elián entendió que también escuchar a su abuela significa romper paradigmas y suspiró porque no podía hacer mucho mientras meten agujas entre las costuras de la prenda.



Pensaba que los adornos faciales solo los usaban las mujeres musulmanas... —estaban en otro piso, mirando el mismo espejo, Elián en una silla y Noaf en otra silla. Elián tocaba con mucho cuidado un collar ataviado de preciosas perlas que le cubría más de la mitad del cuello, en el mismo espejo vio reflejada a su abuela y su batula—. Jada ¿Por qué sigues usándola?
Porque aprendí a llevarla conmigo, es parte de mí día. Sé que no es necesario aquí, pero llevo tanto tiempo mirándome en un espejo que me gustó.
No conozco a otras mujeres musulmanas que piensen eso.
Bueno, ellas son felices así, yo soy feliz así ¿Te gustó? —la pregunta de Noaf hizo que Elián extendiese distraídamente la mano para tocar una de las perlas—. Te ves muy bien, Asterí.
No me gusta que me digan así. —Elián se arrepintió inmediatamente después de decirlo, pero era tarde porque Noaf sí lo escuchó y le tomó del hombro para que la mire y le haga saber que efectivamente no entendió mal—. Es que... nadie me dice así, solo mi lua y no me gusta cuando lo dice.
¿Por qué sientes vergüenza del muda'a que yo te di? —Elián se iba a quitar el collar pero se congeló en el asiento.
¿Tú elegiste mi muda'a?
Claro que fui yo ¿Quién más sino la matriarca? —la sonrisa de Noaf volvía a hacer mella en Elián y hacerle reaccionar con un calor en el pecho. Es el momento de dos, y entonces entendió que podría haber cosas más complicadas de las que podría imaginar, sobre todo cuando la jerarquía del ayilat sucede con esa clase de rigidez—. ¿Por qué te avergüenza? Es un muda'a muy bonito.
No se parece a los otros. —Elián  volvió a arrepentirse de hablar muy rápido, no quería mencionar el muda'a de Khanthus porque sabe que no debería conocerlo, pero lo conoce, lo tiene escrito en su memoria desde esa vez que lucharon contra la epidemia en Haití—. Al de Nadia, más bien.
Bueno, Samara es un muda'a muy acorde a que Nadia me recuerde a la luna si tú me recuerdas al Sol. Quizá algo más dorado te siente mejor, dejemos el plateado, ese no te sienta tanto... —Noaf se estaba levantando para ir a buscar al empleado pero Elián extendió la mano y tomó la de ella.
Espera, quiero preguntarte algo antes. —Noaf se sentó y esperó, Elián inhaló para tomar valor—. ¿En algún momento... Considerarías correcto si llego a saber el de mi khaly Khanthus?
Bueno... No deberías, por tradición, pero... yo que sé, han cambiado muchas cosas desde que yo era joven. Si mi madre me escucha preguntar eso me habría dado un golpe en la boca. —Noaf hizo el gesto, pero finalmente no le dio importancia, se volvió a levantar y se dirigió al dependiente—. Disculpe, joven, disculpe.
Elián intentó comprender como es que su abuela parece tan tranquila después de todo, tanto de qué hablar, tanto que podría preguntarle pero ella está concentrada en él y en pasar tiempo juntos, quizá también tenga preguntas y también quiera externarlas y sacarlas de sus sistema, pero debe ser su fuerza de voluntad lo que la mantiene en esa serenidad. Años alejados el uno del otro ha formado un abismo entre sus vidas, Elián apenas conoce a su abuela como su abuela no parece conocerlo mucho, pero parece entenderlo ¿Qué es eso? ¿Es amor de abuela o es cordialidad? ¿Es diplomacia? El abismo entre ellos nunca ha dejado de existir, pero hoy no se siente como si estuviera cerrado, más bien... como si hubiera construido un puente y al Elián aceptar pasar el día juntos dejó que ella cruce hacia su lado... Si es tan fácil acercarse a ella que es su familia, es su abuela ¿Qué le impide ahora acercarse a sus tías, a su prima, a los demás?
Probó más collares, mascaras faciales, cadenas que le cubrían parte del rostro y de alguna forma la verse al espejo era él mismo y a la vez no. Adornos que van en la nariz, definen las cejas o sencillamente cruzan y cortan en varios resaltados, si quiere resaltar la nariz, la vista o los labios, todo un mundo de posibilidades que no había pensado que podría llegar a ser... interesante.  Se veía y sabía que mucha de esta moda es un sincretismo, tiene un poco del encanto de la indumentaria heredada del mundo árabe y los aditamentos simplemente decorativos de las naciones occidentales. Los mismos ojos, la misma cara pero esa cara existe  y a la vez no, es como empezar otra vez, protegerse del exterior a través de algo tan simple como metal y piedras preciosas que puedes cambiar cada día. Quizá eso lo entendió su abuela desde hace mucho y por eso le agarró gusto a su batula, quizá así se siente que puede privar al mundo de sus emociones y así dosificarlas cuando desee... Eso parece empoderador.
Recorrieron con calma el resto de la tienda y siguieron pasando entre otros departamentos hasta que llegaron al último piso y delante de un stand especializado en perforaciones de nariz, orejas y labios Elián incluso pensó que parte de empezar una vida como adulto abría una posibilidad como la de una perforación en la nariz. Noaf en un principio pareció algo contrariada, hizo una mala cara que apenas se vería detrás de la batula pero se podía entender por como la explicación del proceso le estaba provocando un conflicto de intereses.
¿No es demasiado? —ahora estaban sentados en otra zona de descanso cerca del stand con el perforador, además, hay otra persona delante que parece haber tomado previamente la misma decisión por la que Elián estaba ahora intentando convencer a su abuela—. Las joyas funcionan, se quitan, se ponen cuando quieres, pero una perforación...
Dijiste que era un adulto y un hombre. Como ambas cosas puedo decidir por mí mismo.
Claro que puedes decidir, pero es algo permanente, estarías dañando tu cuerpo. Es diferente.
No es diferente...
Es diferente, es diferente, Elián. Perforarse no estaba dentro de lo que pensé.
Se quedaron callados un momento. Elián intentó sacar sus mejores dotes diplomáticos, así que extendió la mano para tomar la de su abuela y la puso entre las propias, masajeando un poco, como que acariciando un poco para que lo mire con curiosidad.
¿Y si es una falsa perforación? —Elián levantó ligeramente las cejas y su abuela empezó a reírse después de entender su jugada, apartando la mano pero dándole un suave manotazo en el hombro.
Cuando bajaron hacia el restaurante, Elián tenía el anillo de la falsa perforación en una de sus fosas nasales con un adorno colgante y una cadena que se extendía hasta la oreja en un seguro que evitaba que se cayera. Parece algo feliz de sentir que estaba cambiando de verdad su propia noción de sí mismo y su abuela también parecía feliz aunque de vez en cuando negaba con la cabeza. 
Tu madre me hará un tango cuando te vea con eso que no querrás que te cuente.
Pensaba que no hablabas con ella. Siempre dijo eso... —Noaf pareció no escuchar, estaba mirando el menú y frunciendo el ceño, parece que está en ingles aunque el restaurante es temático, por lo que tuvo problemas para leer y Elián decidió dejarlo de lado, no es parte de su día ahora. Con calma se extendió a ayudar, apoyando el menú en la mesa cambió de lugar para estar esquinado con su abuela y leerle los platillos hasta que Noaf soltó un gesto de gusto y señaló hacia el menú.
Ese, el de hongos ¿Tú que vas a pedir? Pide bien, no quiero que te quedes con hambre.
El falafel.
¿Seguro? ¿No pedirás algo con carne?
Soy vegetariano, jada...
¿También? Mejor para mí, así no tengo que fingir que me siento mal para no comer cuando tu tía Jenifra olvida ese detalle. —eso le sacó una sonrisa a Elián, una pequeñas. Les sirvieron té Assam y mientras esperaban Elián mantuvo la mano de su abuela, ella inclinó un poco la cabeza, sonriendo—. ¿Estás contento, mi niño?
Elián asintió en silencio, sí, se sentía bien y se sentía contento porque no solo conoce más a su abuela, muchas cosas le quedan más y más dilucidadas cada minuto... Si tanta falta hacia su familia, pues tiene que acercarse a ella. El chantaje emocional que lo ha mantenido en el limbo ya era de por sí bastante como para aguantarlo solo...
¿Por qué no me buscabas antes? —Noaf no comprendió la pregunta y Elián se aclaró la garganta porque era muy tarde retractarse, en serio quería saber más—. Antes, cuando era niño ¿Por qué no me buscabas así?
Sí lo hacía.
Elián sintió un pequeño apretón en el pecho. Él no recuerda algo parecido, suspiró, pero asintió, dejando que continue.
Seguido te buscaba, tu madre y yo no hablamos mucho, hubo un tiempo dónde no sabía de ella, no me dejaba contactarla. Pero sí pregunté mucho por ti, cuando me enteré de que fuiste aceptado en el Colegio Hogwarts fue porque Khanthus me lo dijo ¿Te contó que él estuvo ahí?
Sí. Creo que tengo un recuerdo de él o... no lo sé, de cuando era niño lo escuchaba cantar pero no sabía por qué, si cantaba para que me durmiera o solo era su forma de pasar tiempo.
Me cantaba a mi también, cuando era pequeña. —Noaf se extendió a tomar un sorbo del té y por primera vez desde que Elián la vio entrando a su casa se quitó la batula y la colocó con cuidado en la mesa—. Pero sí te busqué, mucho, tus padres no me dejaban acercarme más, lamentablemente hay cosas que han pasado que no te concierne a ti, pero te afectan y a mi también.
Lamento no haberte buscado antes... No sabía cómo porque tampoco comprendía por qué.
Noaf negó con la cabeza para que no se preocupe más, presionó las manos de Elián para tranquilizarlo porque esas ultimas palabras sonaron afligidas, apesadumbradas. Pero Elián siente que esto explica como es la situación, su madre y su abuela casi no hablan y hubo momentos dónde ni se dirigían la palabra, pero es su problema, él no tiene porque cargar eso.
No te preocupes, estamos aquí y seguiremos aquí, no olvides que siempre estaré disponible, no solo tienes que mandarme cartas...
Tú mandas cartas, jada, la ultima me la mandaste hace días.
Pero porque no sabía cómo usar un teléfono. —Elián frunció el ceño, intentando conectar sus palabras y  dándose cuenta tan pronto su abuela rebuscó en su bolso para sacar un teléfono celular—. Los muggles inventan cosas muy prácticas, no sé por qué no compré uno antes.
Porque en muchos lugares mágicos no funcionan. —contestó Elián y Noaf asintió varias veces.
Tienes razón, pero ahora que tengo esto puedo llamarte más seguido porque mi casa no está en un lugar mágico. Y me llamarás ¿Sí?
Elián asintió otra vez, con más convicción.
Gracias jada, por el día de hoy y por toda la sorpresa. —Noaf jaló las manos de Elián para besarlas con cuidado y Elián le devolvió el gesto.
No hay de qué, querido. Perdoname un momento, solo necesito una cosa, si me haces el favor, mi niño.
Sí, dime, jada.
¿Me esperas mientras voy al baño?



Comieron con calma y Elián sintió un gusto curioso por el falafel aunque no esperaba que le trajeran un bowl decorado con aceite de oliva y los ingredientes que describía el menú distribuidos como si fuera una especie de ensalada personalizada. Noaf comió también pero lo hizo con una calma que casi sacó a Elián del tiempo que tiende a dedicar a las cosas ¿Cuándo fue la ultima vez que comió con calma y dedicó a cada bocado una parte de su vida? No quería ser grosero por estar viendo a sus mayores comer como si él fuese el mesero, pero discretamente intentaba acoplarse a los tiempos y entendió que al menos así puede lograr que esta ensalada mal llamada tazón de hummus de falafel tuviese un mejor regusto que a verduras refrigeradas. Además fue divertido, su abuela intentó agregar lo que parecía salsa de yogurt pero resultó ser crema para café y acabó haciendo una cara que hizo que Elián tuviera que taparse la boca para no reírse. Cuando terminaron, Elián estaba jugando un poco con la cuchara de su taza, moviéndola en círculos distraídamente mientras el té, ya tibio, le devolvía una imagen distorsionada del techo y parte de su cara.
¿Listo? —cuando levantó la cabeza su abuela acababa de sacar algo de su bolso, un objeto plano cubierto de papel de regalo y sin moño, pero sí con unas cuantas vueltas de unos listones metálicos que formaban una malla—. Esto es para ti.
¿Qué? —Elián extendió ambas manos para tomar el regalo—. Pero... pensaba que hoy era el...
Lo era, pero este era por si por alguna razón decías que no. —Elián gruñó pero Noaf seguía sonriendo ampliamente—. Lo puedes abrir si quieres.
Elián tamborileó sus dedos sobre el papel de regalos y la malla formada con listones y lo pensó, en serio pensó en abrirlo, pero...
Pero la musica de feliz cumpleaños y el grupo de meseros trayendo un pequeño pastel a la mesa lo descolocó, luego le llenó el rostro de lágrimas y claro que le hizo abrazar durante un momento que todo esto, cada regalo, cada gesto, cada palabra que intenta sonar bien en el mar de caos y desolación que es la vida... cada intento, cada sí, cada apretón de manos, cara mirada y cada beso es un recuerdo de algo que podría haber empezado mal pero que después de tiempo toma forma y fuerza, es empoderante. Lo están celebrando desinteresadamente por primera vez en años. El pecho aprieta y se calienta, la respiración cruje pero también calienta, las lágrimas no son saladas, es que no puede aguantar la emoción de sentirse visto y no solo visto, sentirse querido. Entre él y su abuela había un abismo que crecía sin control porque él no podía controlarlo siendo tan joven, pero ahora que es un adulto, que es un hombre y que puede decidir por sí mismo no solo aceptó el puente que se formó encima, está decidido a construir más y eventualmente comenzar a cerrar ese abismo para que crezca encima un campo, un bosque... Como el bosque que está creciendo entre él y Khanthus, como el bosque que sigue creciendo entre él y Cadmus, con Johnny, con Naima, Zion, Cheryl, Marius... Mierda, todos ellos no solo podrían ser su ayilat, son su bosque siempreverde. Las luces de las velas repiquetean en pequeñas chispas que no se ven al caer hacia el pastel de duraznos... Khanthus debió decirle, su abuela se ha esforzado por saberlo y él lo agradece cuando sonríe ampliamente aunque lagrimee un poco más, a donde voltea tanto su abuela aplaude y canta como los meseros imitan el gesto y otras mesas se unen. Elián se siente pleno durante este momento de su vida y apaga las velas deseando que ese poder no sea solo un recuerdo, sea el resto de sus días, y cuando vuelva con Khanthus también le hará saber que está agradecido por todo.

4874 Palabras Ultima modificación: Ene 25, 2026, 04:56 PM por Elián Idriswenjellu
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