Baúl de Undyne McDowell

Publicado por Undyne McDowell, Ago 18, 2024, 01:11 AM

Tema anterior - Siguiente tema

0 Miembros y 16 Visitantes están viendo este tema.

Undyne McDowell Bruja Adulta
Baúl deUNDYNE MCDOWELL
emme
9 Palabras Ultima modificación: Sep 30, 2024, 12:11 PM por Undyne McDowell

Me gusta
0
Me encanta
0
Me divierte
0
Me asombra
0
Me entristece
0
Me enoja
0
Sin reacciones
Sin reacciones
Sin reacciones
Sin reacciones
Sin reacciones
Sin reacciones
Undyne McDowell Bruja Adulta
Flashback - 8 años:
El incendio

La mansión McDowell de la rama Perros, se alzaba entre los bosques rumanos como una de las tantas reliquias de la familia, con sus muros de piedra gruesa, pasillos interminables y techos altos diseñados para imponer respeto y durar generaciones.

Durante años había sido un símbolo de seguridad. El orden se respiraba en cada rincón: el silencio disciplinado, el ir y venir exacto de los sirvientes, el comedor con su mesa larga para los que se consideraban familia... aunque todos lo que estaban ahí lo eran... o eso se creía. Era una casa hecha para resistir ataques externos. Sin embargo, lo que nadie previó fue que el ataque sería desde adentro...

Esa noche, la mansión dejó de ser hogar y se convirtió en trampa.

Julius McDowell estaba lejos, en misión, y su ausencia no fue una casualidad sino una oportunidad cuidadosamente calculada por parte de quien menos se lo espera...

El parto de Serena se adelantó, el ala privada se volvió el centro del caos y la guerra interna en la Rama del Perro se mostró finalmente los colmillos de los traidores.

Gritos de órdenes se mezclaron con gritos de dolor, pasos desesperados recorrieron pasillos conocidos y la sangre apareció demasiado pronto sobre alfombras que alguna vez fueron símbolo de prestigio. El fuego nació primero como consecuencia del combate, pero pronto se alimentó de la madera vieja y las telas pesadas, convirtiendo la mansión en una bestia en llamas que respiraba humo y crujía con cada viga que cedía.

En medio de ese infierno, tres niños corrían...


╄─────•───── +

No me gustaba para nada lo que estaba pasando en mi casa... era como si... se estuviera rompiendo. Aunque bueno... en estos momentos, eso era lo que estaba pasando.  El aire está caliente y áspero, se me pega a la piel y hacia que ardieran mis ojos. Me arde la garganta. Y aun así... no me puedo detener.

-Pegados a mi - murmuro, más duro de lo que quisiera.

Tengo a Velkan de un lado, llorando sin entender nada, con cinco años no esperaba que entendiera que nuestro mundo estaba cayéndonos encima, y tampoco como que tuviera tiempo para explicarle. Por otro lado, Damián, con solo tres años, solo apretaba la boca, era como si entendiera que ahora mismo no debe de llorar, y por eso necesito mantenerme fuerte para que los tres saliéramos de estos pasillos que antes eran nuestro hogar...

Alexandra va delante, una sirvienta que al parecer nos protege con su vida porque parecía soldado. Estaba manchada de sangre y cojeando, pero avanzando como si su propio cuerpo ya no le importara... como si solo importara que nosotros lleguemos a un lugar a salvo.

-No hagan ruido- susurra sin mirarnos mucho - La habitación de la señora esta cerca. Pase lo que pase... no se detengan.

 Esa frase me da rabia porque suena a despedida... pero no digo nada. Aunque la persona delante de nosotros había pasado la mayor parte con nosotros... Se que es mejor no decir nada en estos momentos.

-¿Papá aun no vuelve?- pregunto y me sorprendo de que la voz me salga tan baja. Como si el mismo pasillo pudiera oírme y delatarme...

-El señor se encuentra lejos aún...- susurra en respuesta, aunque dice algo más que no logro escuchar.

Esa frase me cae como un golpe en el estómago. Lejos.... Perfecto. El mundo elige esta noche para arder y él no está.

Avanzamos por pasillos laterales mientras los gritos se escuchan cada vez más cerca. Un alarido largo, roto, que no termina pronto, hace que Velkan solloce más fuerte.

Le aprieto la mano - Velkan-le susurro con todo el cariño que pueda transmitir en estos momentos -Respira bajito, por favor. Como cuando jugamos a escondernos, ¿Si?

él solo me asiente, moqueando, intentando en guardar silencio con una de sus manitos en la boca. Damián me mira un segundo, como buscando instrucciones también.

-Tú tambien, soldado- le digo mirandolo con una cara de seriedad fingida, imitando a papá-Fuerte y silencioso...

Él se endereza un poco, como si esa palabra lo volviera más grande de lo que es.

Llegamos al comedor y el estómago se me revuelve. La mesa está partida en dos, las sillas volcadas, las copas rotas brillan en el suelo como dientes y las cortinas arden con un fuego hambriento. Hay  cuerpos. Gente que conozco. No quiero mirar, pero miro igual. Velkan esconde la cara contra mí y Damian le tapo los ojos para que no mire aquella escena. La sirvienta nos empuja suavemente y nos ordena cruzar rápido. Corremos. Resbalo en algo húmedo y casi caigo, pero me enderezo con un gruñido bajo. No ahora... No con ellos.

Escucho pasos detrás, pasos tranquilos, seguros, y una voz que reconozco demasiado bien ordenando que busquen a los niños, que no pueden llegar a ella.... A mamá. La sirvienta se gira de golpe y nos grita que corramos. Obedezco sin pensar. Corro arrastrando a Velkan y a Damian lo cargo para que no se quede atras, con el corazón golpeándome en los oídos. Detrás escucho metal chocar, un golpe seco, un grito corto que termina demasiado rápido. No miro atrás. Si miro atrás no habrá vuelta. Lo único bueno que siento es que sigo teniendo ambas manos, que seguimos juntos.

El pasillo hacia el ala privada es estrecho y lleno de humo. El calor es insoportable. Velkan solloza, Damian me pregunta en voz baja qué está pasando y no tengo palabras para explicarlo, así que solo digo que vamos con mamá. Llegamos a la puerta y empujo con el hombro. Dentro hay caos: mamá jadea en la cama, pálida, sudando, la partera llora mientras intenta ayudar, las sábanas están manchadas y el humo entra por una ventana rota.

Agarro a Velkan antes de que corra hacia la cama y le ordeno que se quede con Damian. Ellos se aferran el uno al otro. Mamá me mira y su voz se quiebra al decir mi nombre. Yo quiero correr hacia ella, esconderme en su pecho, pero no lo hago. Me doy la vuelta y me planto frente a la puerta, de espaldas a mi familia, con los puños cerrados y las uñas clavándose en la piel. Respiro lento, como me enseñaron. Controla el aire.... Controla el cuerpo....

Escucho pasos, voces y una risita baja, desagradable. Alguien dice que nos maten primero, que la madre viene después. Separarnos. Esa palabra me prende fuego por dentro. El pomo gira y veo una mano con un anillo familiar.

-Vaya, vaya... la pequeña Alpha...- dijo una voz clara, demasiado tranquila.

Negué con la cabeza una vez, como si eso pudiera despertarme de esta pesadilla mal armada. Como si decir *no* fuera suficiente para borrar su presencia. Pero no desapareció. Al contrario, se acercó un poco más, y el calor del fuego detrás de él hizo que su silueta se deformara en la pared, enorme, torcida.

-Quitate- ordenó con suavidad, como si me estuviera pidiendo que le cediera el paso en un pasillo cualquiera.

-No, señor Grigore-respondí, escupiendo su nombre con un desprecio que me quemaba la lengua -No va a pasar...

Soltó una risa baja -¿De verdad? -preguntó, y empujó la puerta un poco más con la punta de los dedos. El fuego rugió detrás de él, como si respondiera a sus palabras-Esto no es asunto de niños -continuó, ladeando la cabeza mientras me observaba de arriba abajo-  Pero supongo que alguien tenía que quedarse a entretenerse mientras el resto se consume...

Mis dedos se cerraron en puños mientras mi mandíbula se tensaba.

-¿Te preguntas por qué nadie viene? -añadió, con una sonrisa lenta, torcida-¿Por qué los pasillos están vacíos? ¿Por qué el fuego avanza tan... ordenado? -El humo entró con más fuerza cuando abrió la puerta otro palmo -Todo esto -dijo extendiendo una mano hacia el pasillo en llamas-estaba preparado. Salidas bloqueadas. Rutas cortadas -Sus ojos brillaron-Una casa vieja arde precioso cuando sabes dónde prenderla... Morirán aquí -sentencio, con una calma espantosa- Tú, tu madre... los cachorros Todos. Y cuando Julius vuelva, solo encontrará cenizas-Hizo una pausa, disfrutándola- El final perfecto para una rama que creyó que el poder se heredaba...

Entonces algo dentro de mí hace clic. El calor bajo la piel se vuelve insoportable, mis huesos pican, el corazón me late como si quisiera romperme el pecho. No pienso. Mi cuerpo se mueve solo. Mis dedos se alargan, las uñas se vuelven garras y un gruñido animal me sale de la garganta. Me lanzo como un cachorro acorralado. Siento resistencia, luego calor, luego el olor a hierro explota cuando mi garra atraviesa su piel. Él grita de dolor y yo también, pero mi grito no es humano.

Me golpea con algo duro en el costado y el mundo se vuelve blanco. Caigo contra la pared, toso humo, me duele todo, pero me levanto. Porque detrás de mí están ellos. Porque juntos no se negocia. El hombre retrocede, maldiciendo, sorprendido, herido. Levanta un arma, pero la mansión decide intervenir: una viga cae, el fuego se desata, el pasillo se llena de humo espeso y él se ve obligado a retroceder.

Yo me quedo ahí, temblando, sangrando, con los puños apretados y la garganta hecha ceniza. La mansión arde a nuestro alrededor... mamá grita otra vez desde la habitación, un grito distinto, de vida abriéndose paso, y algo queda marcado en mí para siempre. La paz no existe. La familia puede traicionar. Y si quiero que los míos sigan respirando... voy a tener que ser el monstruo primero....
1589 Palabras #1

Me gusta
0
Me encanta
0
Me divierte
0
Me asombra
0
Me entristece
0
Me enoja
0
Sin reacciones
Sin reacciones
Sin reacciones
Sin reacciones
Sin reacciones
Sin reacciones